Introducción y experiencias en texto

Introducción

La Atención y las Imágenes son temas clave. Vamos aprendiendo herramientas que nos ayuden a subir el nivel atencional para priorizar imágenes y poder darlas una dirección coherente tanto y al mismo tiempo en el campo personal como social, en todas las actividades que realizamos en el Movimiento Humanista.

1.- Las imágenes.

Las experiencias guiadas forman parte de lo que llamamos “trabajo con las imágenes”.

Existen imágenes que se corresponden con sentidos externos (visuales, auditivas, olfatorias, gustativas y táctiles) y también imágenes que se corresponden con los sentidos internos (cenestésicas, propias de las sensaciones y registros del intracuerpo; kinestésicas, propias del movimiento y la posición del cuerpo; térmicas, propias de la temperatura externa y muchas más que corresponden a receptores de presión, de acidez, de alcalinidad, etc.).

Llamamos imagen a la representación estructurada por la conciencia de sensaciones o percepciones provenientes del medio externo o interno. Lo que llega como impulso a conciencia se convierte en imagen. Esta imagen a su vez moviliza los centros de respuesta (vegetativo, motriz, emotivo e intelectual) hacia el mundo interno o el paisaje externo a través del cuerpo. Las imágenes son un comportamiento de la conciencia en el mundo, cuyo sentido es la transformación de ese mundo. Y el cuerpo entonces termina deviniendo en prótesis de la intencionalidad humana.

2.- El espacio de representación.

Para nosotros por tanto la imagen es una forma activa de ponerse la conciencia (como estructura) en el mundo. La imagen actúa en una estructura espacio-temporal y en una “espacialidad” interna a la que llamamos espacio de representación. El espacio de representación es una especie de pantalla mental tridimensional en la que se configuran las imágenes formadas a partir de los estímulos sensoriales, de la memoria y de la actividad de la conciencia misma. Dependiendo de donde se emplace la imagen en ese espacio de representación, vamos hacia el mundo o vamos hacia adentro, por tanto se trata de dos profundidades. Pero además en el espacio de representación podemos distinguir tres planos: alto, medio y bajo.

3.- Función de la imagen.

La imagen es una conectiva de trabajos psíquicos que traslada cargas psíquicas de un lado a otro y a niveles físicos y también una conectiva entre conciencia y mundo al trasladar impulsos que terminan moviendo el cuerpo hacia el mundo.

Tiene una función catártica (descarga de tensiones) o transferencial (mueve y traslada esas cargas).
En su acción catártica, el trabajo con imágenes, permite aflojar las cargas que tiene una imagen, un contenido de conciencia. Una vez aflojado, se puede mover esa imagen, se puede transferir ese contenido generador de sufrimiento y violencia, que lleva tiempo atascando y atrapando la energía. En ese sentido hay imágenes catárticas que llevan a acciones catárticas (por ejemplo, hacer deporte), y hay otras transferenciales (cuando una imagen se lanza al mundo hacia otros se integran contenidos, son acciones unitivas que liberan energía).

4.- La Atención.

Necesitamos energía libre, depurar el espacio de representación, movilidad y flexibilidad en los puntos de vista, en las imágenes. La rigidez, encabezonamiento, el no salir del mismo carrilillo mental, etc., es porque hay energía atascada.
Esa energía atascada tiene que ver con la tensión que producen los propios intereses. ¿Cómo sentir lo humano en el otro desde los intereses del para mí?
No hay acto válido, cambio conductual, coherencia sin atención.
Nuestra doctrina va hacia el Despertar. Necesitamos energía libre para subir el nivel atencional e intencionar cambios en la dirección de nuestras acciones. Nuestros trabajos internos mayores, las Disciplinas y la Ascesis, necesitan de mucho potencial energético. Se trata de un circuito integrado, en la medida en que avanzo en actos válidos como fines en sí mismos, en coherencia tratando a los demás como quiero ser tratado, en adaptación creciente, voy transfiriendo cargas y voy ganando en espacio interno, se descomprime, y por tanto en energía libre para poder aplicarla a la atención. Esas acciones las intenciono, elijo y dirijo porque son imágenes que priorizo. Al mismo tiempo cuanta más atención más actos válido y coherencia.

5.- Qué son las experiencias guiadas y para qué sirven.

Las experiencias guiadas podríamos definirlas como imágenes de meditación dinámica referidas a la vida del que medita, con el interés de habilitar en el presente cambios que ayuden a intencionar conductas coherentes (pensar, sentir y actuar en la misma dirección tratando a los demás del modo en que quieres ser tratado), que ayuden a integrar contenidos del pasado y a abrir el futuro de tal modo que se vaya avanzando en la superación del sufrimiento obteniendo registros de unidad interna.

Las Experiencias Guiadas permiten a quien las practica, reconciliarse consigo mismo, superando frustraciones y resentimientos pasados, ordenando las actividades presentes y dando al futuro un sentido que elimine las angustias, los temores y la desorientación.

Cada Experiencia Guiada tiene como objetivo la conversión de las imágenes y de los climas que allí surgen, a través de una propuesta de reconciliación, o de cambio del punto de vista sobre el problema. Se trata de una invitación a observar en la vida diaria algunas dificultades que se pueden vencer y que están relacionadas con las propuestas de la experiencia realizada ese día.

Puede darse que después de realizar una experiencia no se logren inmediatamente los resultados deseados, en este caso el trabajo con permanencia de esa experiencia puede ser un factor de suma importancia para lograr el objetivo. Además, las experiencias tienen un “efecto residual”, aún después de realizadas, las imágenes siguen operando y produciendo cambios.

Esta transformación no quedará sólo como una experiencia interna en cada persona, sino que se expresará en cambios conductuales, en las situaciones análogas de la vida cotidiana. En la base de todo esto debe estar la intención de querer cambiar una situación y un comportamiento.

Gracias a las Experiencias Guiadas se mueven imágenes y puntos de vista. Pero es en la vida cotidiana donde hay que intencionar el nuevo comportamiento. De ahí la importancia de la Atención.

Como síntesis diremos que es importante establecer relaciones entre lo que sucede en el propio psiquismo y lo que a uno le pasa en la vida cotidiana. También interesa relacionar las dificultades que se tiene con las experiencias guiadas y las que se tiene en la vida. Importan las modificaciones que se producen, fundamentalmente, en la conducta.

Por nuestra parte, consideramos a las imágenes como un apoyo interesante para variar el punto de vista, para agilizar la dinámica mental y el ingenio, para rescatar emociones, para recordar hechos de la vida, para diseñar proyectos.

En suma, nuestras Experiencias Guiadas tienden a positivizar la existencia, a fortalecer el contacto con uno mismo, a favorecer la búsqueda del sentido de la vida.

Se comienza a crecer realmente cuando en la propia conducta surgen respuestas superadoras y generadoras, es decir se producen cambios positivos en uno mismo y se ayuda a otros en la misma dirección.


6.- ¿En qué consisten?

Las Experiencias Guiadas son pequeños cuentos en los que un asterisco permite detener la secuencia (hacer silencio un tiempo) a fin de colocar, en ese momento, la imagen mental que le parezca adecuada al que realiza la experiencia. Comienzan por una introducción, sigue un momento de nudo y terminan con un desenlace positivo.

Según los objetivos comentados al inicio, están clasificadas en:

A. Experiencias de reconciliación con el pasado:

El niño, El animal, El enemigo, El gran error, La nostalgia, La pareja ideal, El resentimiento, El descenso, El deshollinador.

B. Experiencias de ubicación en el momento actual:

La protectora de la vida, Avances y retrocesos, El trineo, Las nubes, El minero, Los disfraces, La configuración del Guía interno, La desorientación y el Guía interno, La vejación y el Guía interno, La indecisión y el Guía interno.

C. Experiencias de propuestas a futuro:

La acción salvadora, El ascenso, Las falsas esperanzas.

D. Experiencias sobre el sentido de la vida:

La repetición, El viaje, El festival, La muerte.

Y cada una propone en el inicio un interés a trabajar y luego al final una recomendación y sugerencias o preguntas que ayuden al intercambio.

7.- ¿Cómo se practican?

- En nivel de semisueño activo.

Existen varios niveles de conciencia: vigilia, semisueño activo, semisueño pasivo y sueño.

Para realizar una Experiencia Guiada hay que dejarse guiar por las imágenes y para que esto sea posible, es conveniente primeramente antes de hacer la experiencia guiada, realizar una relajación completa que permita pasar de la vigilia, donde los mecanismos racionales trabajan plenamente y se tiene dirección y control de las actividades de la mente y del cuerpo en el mundo externo, a un semisueño activo, donde es posible seguir el argumento de la Experiencia Guiada (como estímulo externo) que se va traduciendo en las imágenes internas correspondientes, sin caer a semisueño pasivo (donde las imágenes nos suceden sin dirigirlas) ni caer a sueño y quedar dormidos.

- Durante el trabajo con experiencias guiadas conviene el silencio ambiental, y una iluminación suave. Es recomendable que el ejercicio se realice con los párpados cerrados y en buena postura psicofísica.

- Las experiencias guiadas sirven de enmarque para que el practicante llene las escenas con él mismo y sus propias imágenes. De modo que es el “protagonista” de la narración, observador, agente y paciente de acciones y emociones. Por eso hablamos de “modelos de meditación dinámica cuyo objeto es la propia vida del que medita con la intención de llegar a los conflictos, y superarlos”.

- Las experiencias guiadas consisten en una serie de frases mediante las cuales se describe la escenografía mental en la que el practicante debe emplazarse, produciendo climas afectivos que permitan el surgimiento de los particulares contenidos de quien está realizando la experiencia.

Las frases están separadas por puntos, que indican a quien lee dar tiempos apropiados para que cada persona coloque mentalmente los personajes u objetos que le parecen más adecuados; por otra parte, los asteriscos (*) señalan silencios algo más prolongados.

Esta originalidad hace que aquellos que escuchan, en lugar de seguir pasivamente todo el desarrollo, participen activamente de la experiencia llenando escenas con sus propios contenidos mentales. De tal modo, aunque el argumento sea igual para todos, la misma experiencia resulta totalmente diferente para cada persona, cosa que se puede comprobar posteriormente a la hora del intercambio y la discusión sobre el trabajo realizado.

- Nos importa detectar las resistencias, e invita a observar en la vida diaria y en la propia conducta el reflejo de esas resistencias, así mismo, a comprobar los cambios cuando las resistencias han sido vencidas. Llamamos resistencias a las dificultades en el seguimiento de las representaciones que se sugieren en la experiencia (Nos interesa mucho entonces tomar notas de ellas antes del intercambio). 

La intención es que en el proceso este sistema de imagen se vaya integrando en el psiquismo del sujeto hasta influir en su conducta cotidiana de un modo positivo. De este modo se comprende por experiencia la relación entre mundo interno y mundo externo, conciencia-mundo, cómo todo lo interno, una actitud y comportamiento mental se expresa y traduce en conductas en el mundo. Se comprende que todo lo personal es social, psicosocial, cómo todo un sistema de creencias, de imágenes, se expresa en un paisaje social. 

Modificar imágenes, es modificar conductas, es modificar el mundo. Entonces uno comienza a ver que lo de adentro es igual que lo de afuera, que el mundo es una alegoría, un espejo de cómo me muevo internamente.

Si nuestro Propósito está dirigido a Humanizar la Tierra, a superar el dolor y el sufrimiento personal y social, se comprenderá la importancia de estos trabajos. Si nuestro Propósito es superar la creencia en la muerte como límite, se comprenderá la importancia de liberar energía para realizar trabajos como las Disciplinas que necesitan de todo el potencial energético para entrar en esos espacios Profundos Trascendentales.

- Al inicio de cada experiencia se plantea cuál es el interés a trabajar. 
Al final de la experiencia se sugieren unas preguntas o temas para el intercambio, así como una recomendación. Tras la experiencia entonces cada uno toma sus notas. 
Y luego se realiza el intercambio  entre los partícipes, posterior a la experiencia realizada que sirve para la ampliación y cambio del punto de vista sobre la propia experiencia. Este intercambio está orientado, básicamente, a la detección de las resistencias y su vencimiento, y referido exclusivamente a la experiencia realizada en esa reunión. Es posible que algunos participantes mencionen problemas en la configuración de sus imágenes que no pudieron superar. Otros, comentarán las soluciones que encontraron. Dados esos dos casos, el intercambio adquiere el sentido de una ayuda y enriquecimiento grupal. El intercambio con otros sobre la experiencia realizada es de enorme ayuda para cada practicante, sea desde el punto de vista de la apertura de la comunicación directa, sea por el aprendizaje dado por la multiplicidad de experiencias.

- Finalmente no se puede definir en el vacío cuántas veces sea necesario repetir una Experiencia Guiada para poder considerar integrado el nudo tratado. Lo que se sugiere es trabajar en base a la necesidad, con amabilidad y sinceridad interna



Relax completo

- Comenzamos por un Relax físico externo.

Observa tu cuerpo y descubre los puntos tensos. ¿Tal vez el cuello? ¿Tal vez los hombros? ¿Algunos músculos del pecho, o del vientre?
Para aflojar esos puntos de permanente tensión debes, antes que nada, comienza a observarlos.
Observa ahora tu pecho, observa tu vientre, observa tu nuca, observa también tus hombros, y allí donde encuentres tensión muscular, no intentes aflojarla, sino, auméntala. Es decir, tensa aún más los músculos que están tensos.
Allí donde encuentres tensión, comienza por aumentarla fuertemente; pasados unos pocos segundos, afloja súbitamente la tensión que excedió. Prueba una, dos, tres veces. Tensa fuertemente los puntos de tensión y al cabo de un breve tiempo, aflójalos súbitamente. Apóyate en la respiración.

Ahora empieza por llevar la sensación a la cabeza y comienza por sentir las sienes simétricamente, bajando por los músculos faciales, bajando y aflojando ambos lados de la mandíbula. Sigue aflojando y bajando por ambos lados de tu cuello al mismo tiempo. 
Te vas fijando en tus dos hombros; después, poco a poco, vas descendiendo por tus brazos, los antebrazos y las manos, hasta que todas estas partes vayan quedando completamente flojas, bien relajadas.

Vuelve a tu cabeza. Vas sintiendo y aflojando los dos ojos al mismo tiempo, baja hacia tus dos mejillas, las dos partes de tu nariz, sigues bajando y aflojando hacia la comisura de los labios. 
Sigue bajando por delante de tu cuerpo como por dos líneas imaginarias por tus dos músculos pectorales. Luego sigue aflojando hacia el abdomen, el vientre y el bajo vientre hasta donde termina el tronco de tu cuerpo, dejando todo completamente bien relajado. 

Ahora retoma la sensación en tu cabeza, pero esta vez comienza a bajar por dos líneas simétricas por la nuca. Desciende , por tus omóplatos bajando por la espalda por dos líneas paralelas, aflojando, soltando. Sigue bajando y aflojando el coxis, llegando a las partes últimas de tu cuerpo. Sigue bajando por los glúteos, tus dos piernas, a lo largo de ellas y por detrás, llegando hasta la punta de los pies.

Comprueba si sientes el cuerpo completamente relajado.

- Seguimos por un Relax interno.

Vuelve la sensación a la cabeza y ahora siente tus dos ojos a la vez, siente fuertemente los globos oculares, los músculos que rodean ambos ojos. 
Ahora siente tus dos ojos por dentro al mismo tiempo. Yendo hacia el interior de ellos, vete relajándolos, relajándolos totalmente. 

Ahora "cae" hacia dentro de tu cabeza. Déjate deslizar al interior, más hacia adentro y hacia el centro de la cabeza y vas relajando completamente. 

Sigue cayendo como por un tubo hacia la garganta, abriendo la epiglotis, aflojando la lengua, vas cayendo por la tráquea hacia los pulmones.

Siente simétricamente los pulmones por dentro y los vas relajando sintiendo su movimiento al mismo tiempo que la respiración. 

Sigue bajando internamente hacia tu abdomen, amplía el diafragma ayudándote de la respiración, vete haciendo la respiración baja.

Sigue relajando todas sus tensiones bajando internamente, aflojando por dentro el vientre y el bajo vientre en profundidad, hasta la terminación de tu tronco, dejando todo en perfecto relax.

- Terminamos con un Relax mental.

Siente nuevamente tu cabeza. Ahí está el cuero cabelludo, más abajo el cráneo y aún más abajo el cerebro. Comienza por "sentir" tu cerebro por dentro.

Siente tu cerebro como si estuviera "tenso", frío. Ve aflojando esa tensión hacia adentro de tu cerebro y hacia abajo, como si fueras descendiendo la relajación.

Concéntrate. Ve bajando la tensión, como si la parte superior de tu cerebro se fuera haciendo cada vez más suave, agradable. 




Experiencias Guiadas

Siempre bajando, bajando hacia el centro de tu cerebro, más abajo del centro, mucho más abajo, cada vez algo más algodonoso, más suave, más tibio.


1. Experiencias de reconciliación con el pasado:

El niño, El animal, El enemigo, El gran error, La nostalgia, La pareja ideal, El resentimiento, El descenso, El deshollinador.

https://www.dropbox.com/sh/cbv81pfo4zk5o2c/AAA2UVme2dl9XqO0Aavk1FIba?dl=0

2. Experiencias de ubicación en el momento actual:
La protectora de la vida, Avances y retrocesos, El trineo, Las nubes, El minero, Los disfraces, La configuración del Guía interno, La desorientación y el Guía interno, La vejación y el Guía interno, La indecisión y el Guía interno.

https://www.dropbox.com/sh/teqkufp5gednqr1/AAB7ac_U0nEXRL_VdI5mFcGMa?dl=0

3. Experiencias de propuestas a futuro:
La acción salvadora, El ascenso, Las falsas esperanzas.

https://www.dropbox.com/sh/uo3u83w4jnbcwo0/AAAvqyNU9fSk8k6l1z9Wywhpa?dl=0

4. Experiencias sobre el sentido de la vida:
La repetición, El viaje, El festival, La muerte.

https://www.dropbox.com/sh/7l9fcdkd81mrou3/AABsg0Yw77XUknLkAdSJmmEza?dl=0



Experiencias de reconciliación con el Pasado:

I. El niño. Experiencia de Pasado.

Interés

Se trata de resaltar los primeros registros de injusticia; por ello, se radica la escena en una época infantil. La sensación de injusticia actual a la que también se recurre, es cotejada con las primeras experiencias de ese tipo a fin de encontrar una relación que permita integrar esos contenidos aparentemente separados en un mismo sistema de comprensión. La intención está puesta en liberarse de sentimientos negativos que, por autocompasión, limitan el comportamiento en el mundo de relación.

Relax

Experiencia guiada: EL NIÑO.

Voy caminando por el campo. Es de mañana, muy temprano. A medida que avanzo me siento seguro y alegre.
Alcanzo a divisar una construcción de aspecto antiguo. Parece hecha de piedra. También el techo, a dos aguas, es como de piedra. Grandes columnas de mármol resaltan en el frente. Llego al edificio y veo una puerta de metal, al parecer muy pesada. Desde un costado, sorpresivamente, salen dos animales feroces que se me abalanzan. Afortunadamente, quedan retenidos por sendas cadenas tensas, a muy corta distancia de mí. No tengo cómo llegar a la puerta sin que los animales me ataquen. Entonces, les arrojo un bulto que contiene comida. Las bestias lo engullen y quedan dormidas.
Me acerco a la puerta. La examino. No veo cerrojo ni otro elemento a utilizar para abrirla. Sin embargo, empujo suavemente y la hoja se abre con un sonido metálico de siglos. Un ambiente muy largo y suavemente iluminado, queda al descubierto. No alcanzo a ver el fondo. A izquierda y derecha hay cuadros que llegan hasta el suelo. Son tan grandes como personas. Cada uno representa escenas diferentes. En el primero, a mi izquierda, figura un hombre sentado tras una mesa sobre la que hay barajas, dados y otros elementos de juego. Me quedo observando el extraño sombrero con que está cubierta la cabeza del jugador. Entonces, trato de acariciar la pintura en la parte del sombrero pero no siento resistencia al tacto, sino que el brazo entra en el cuadro. Introduzco una pierna y luego todo mi cuerpo en el interior del cuadro. El jugador levanta una mano y exclama: “¡Un momento, no puede pasar si no paga la entrada!” Busco entre mis ropas, extraigo una esferita de cristal y se la doy. El jugador hace un gesto afirmativo y paso por su lado.
Estoy en un parque de diversiones. Es de noche. Veo por todas partes juegos mecánicos plenos de luz y movimiento... pero no hay nadie. Sin embargo, descubro cerca mío a un chico de unos diez años. Está de espaldas. Me acerco y cuando gira para mirarme, advierto que soy yo mismo cuando era niño. (*)
Le pregunto qué hace allí y me dice algo referente a una injusticia que le han hecho. Se pone a llorar y lo consuelo prometiéndole llevarlo a los juegos. Él insiste en la injusticia. Entonces, para entenderlo, comienzo a recordar cuál fue la injusticia que padecí a esa edad. (*)
Ahora recuerdo y por algún motivo comprendo que es parecida a la injusticia que sufro en la vida actual. Me quedo pensando, pero el niño continúa con su llanto. (*)
Entonces digo: “Bueno, voy a arreglar esa injusticia que al parecer me hacen. Para eso, comenzaré a ser amigable con las personas que me crean esa situación”. (*)
Veo que el niño ríe. Lo acaricio y le digo que volveremos a vernos. Me saluda y se va muy contento. Salgo del parque, pasando al lado del jugador que me mira de soslayo. En ese momento toco su sombrero y el personaje guiña un ojo burlonamente. Emerjo del cuadro y me encuentro en el ambiente largo, nuevamente. Entonces, caminando con paso lento, salgo por la puerta. Afuera, los animales duermen. Paso entre ellos sin sobresalto.
El día espléndido me acoge. Regreso por el campo abierto con la sensación de haber comprendido una situación extraña cuyas raíces se hunden en un tiempo lejano. (*)

Recomendación

Es importante reconocer en la vida cotidiana situaciones en las que uno está sometido a determinadas injusticias. Habrá que preguntarse qué tipo de injusticias sufre uno especialmente y más aún, si la mayoría de ellas (sobre todo las que uno siente como importantes) se refieren a la misma situación o están ligadas a cierto tipo de personas. Con estas ideas en claro, no será difícil encontrar un estrecho vínculo con las experiencias infantiles. En cuanto a la reconciliación con las personas productoras de tales “injusticias”, no es tarea fácil y tal propuesta suscita fuertes reacciones. No obstante, el vencimiento de esas resistencias en la vida diaria o, por lo menos, al repetir esta experiencia guiada, puede abrir nuevas posibilidades de comportamiento y de enfoque sobre nuestro mundo de relación.

 Posibles temas de intercambio

¿Cuál es el tipo de injusticia por la cual siempre me siento víctima?
¿Qué significa para mí tratar como a un amigo a quién me hace tal injusticia?

2. El temor (el animal) Experiencia guiada de pasado

Interés

Esta experiencia tiene por finalidad reconstruir una escena conflictiva del pasado, siguiendo el hilo conductor de una “fobia” o de un temor irracional excesivo. Se parte de una premisa según la cual, dicho temor está ligado necesariamente a situaciones conflictivas que deben revivirse para desposeerlas de su carga opresiva. Si ello sucede y el conflicto se integra correctamente, la fobia debe perder intensidad.

Relax.

Experiencia guiada: EL TEMOR (EL ANIMAL)

Me encuentro en un lugar totalmente oscuro. Tanteando con el pie, siento que el terreno es irregular, entre vegetal y pedregoso. Sé que en alguna parte hay un abismo. Percibo muy cerca a ese animal que siempre me provocó la inconfundible sensación de asco y terror. Tal vez un animal, tal vez muchos... pero es seguro que algo se aproxima irremisiblemente. Un zumbido en mis oídos, a veces confundido con un viento lejano, contrasta el silencio definitivo. Mis ojos muy abiertos no ven, mi corazón se agita y si la respiración es fina como un hilo, la garganta oprime el paso de un sabor amargo.
Algo se acerca, pero ¿qué hay atrás mío que me eriza y que enfría mis espaldas como un hielo?
Mis piernas flaquean y si algo me atrapa o salta sobre mí desde atrás, no tendré defensa alguna. Estoy inmóvil... sólo espero. Pienso atropelladamente en el animal y en aquellas ocasiones en que estuvo cerca mío. Especialmente, en aquél momento. Revivo aquel momento. (*)
¿Qué pasaba entonces? ¿Qué sucedía en mi vida entonces? Trato de recordar las frustraciones y los temores que me acompañaban cuando ocurrió aquello. (*)
Si, yo estaba en una encrucijada en mi vida y ella coincidió con el accidente del animal. Tengo necesidad imperiosa de encontrar la relación. (*)
Advierto que puedo reflexionar con más calma. Admito que hay animales que suscitan una reacción de desagrado en casi todas las personas, pero también comprendo que no todos se descontrolan ante su presencia. Pienso en ese hecho. Cotejo el aspecto del peligroso ser, con la situación que vivía cuando ocurrió aquello. (*)
Ahora, ya en calma, trato de sentir qué parte de mi cuerpo es la que protegería del peligroso animal. Luego relaciono esa parte con la situación difícil que vivía cuando ocurrió el accidente, tiempo atrás. (*)
El animal provocó en mí la aparición de ese momento de mi vida que no está resuelto. Ese momento oscuro y doloroso que a veces no recuerdo es el punto que me debo aclarar. (*)
Veo hacia arriba un cielo nocturno límpido y adelante el arrebol de un nuevo amanecer. Muy rápidamente, el día trae consigo la vida definida. Aquí, en esta pradera suave camino con libertad sobre una alfombra de hierbas cubiertas de rocío.
Un vehículo se aproxima velozmente. Se detiene a mi lado y de él descienden dos personas vestidas de enfermeros. Me saludan cordialmente y explican que han capturado al animal que me provoca sobresalto. Comentan que cuando reciben un mensaje de miedo salen a la caza y, capturando al animal se lo muestran a la persona afectada para que lo estudie bien. Seguidamente, ponen ante mi al animal cuidadosamente resguardado. Se trata de un ejemplar indefenso. Aprovecho para examinarlo muy lentamente desde todos los ángulos y distancias. Los hombres lo acarician con suavidad y el animalito responde amigablemente. Luego, me invitan a que haga lo mismo. Siento una fuerte aprehensión, pero a la sacudida primera que experimento en la piel, sigue un nuevo intento y luego otro hasta que, finalmente, puedo acariciarlo. (*)
El responde pacíficamente y con movimientos sumamente perezosos. Luego se va reduciendo de tamaño, hasta desaparecer.
Mientras el vehículo parte, trato de recordar nuevamente la situación que vivía cuando (hace mucho tiempo) la presencia del animal me provocó terror. (*)
Experimento un fuerte impulso y empiezo a correr deportivamente, aprovechando la mañana y su aire saludable. Me muevo rítmicamente y sin fatiga mientras respiro en profundidad. Acelero la velocidad sintiendo los músculos y el corazón trabajar como una máquina perfecta. Corriendo libremente recuerdo mi temor, pero siento que soy más fuerte y que pronto lo habré vencido para siempre.
Mientras el sol ilumina desde lo alto voy acercándome velozmente a mi ciudad, con los pulmones henchidos y los músculos moviéndose en armónica sincronización. Siento aquellas partes de mi cuerpo, en las que hacía presa el temor, fuertes e inatacables. (*)

Recomendación

Considerar si se ha podido reconstruir la escena conflictiva ligada al temor irracional. Observar si se ha logrado vencer las resistencias en los núcleos de problema propuestos. De ser así, verificar en la vida diaria el resultado obtenido. Si, en cambio, las resistencias no fueron superadas o el conflicto no pudo ser reconstruido, se sugiere repetir la experiencia.

Posibles temas de intercambio

¿Cuál es el animal que suscita en mí una inconfundible sensación de repugnancia y terror?
¿A qué situación conflictiva de mi vida lo siento relacionado?
Reacciones frente a la posibilidad de acariciar el animal en cuestión.

3. El enemigo. Experiencia guiada de pasado.

Interés

El objetivo de esta experiencia es el logro de la reconciliación con el pasado, particularmente con alguna persona con la cual ha quedado una secuela de resentimiento. La utilidad de tal reconciliación es obvia y ella beneficiará no solamente nuestro comportamiento externo, sino que permitirá integrar y superar contenidos mentales opresivos.

Relax.

Experiencia guiada: El enemigo

Estoy en el centro de la ciudad, en el momento de mayor actividad comercial. Vehículos y gentes se desplazan apresuradamente. También yo me muevo con urgencia.
De pronto, todo queda paralizado. Únicamente yo tengo movimiento. Entonces, examino a las personas. Me quedo observando a una mujer y luego a un hombre. Doy vueltas alrededor de ellos. Los estudio desde muy cerca. Luego subo al techo de un auto y desde allí miro alrededor comprobando, además, que todo está en silencio. Reflexiono un instante y compruebo que las personas, vehículos y todo tipo de objetos, están a mi disposición. Inmediatamente me pongo a hacer todo lo que quiero, de tal manera y tan frenéticamente que pasado un tiempo quedo agotado. Estoy descansando mientras se me ocurren nuevas actividades. Es así que vuelvo a hacer lo que se me antoja sin prejuicio alguno.
¡Pero a quién veo allí! Nada menos que a ese ejemplar con el que tengo varias cuentas pendientes. En efecto, creo que es quien más me ha perjudicado en toda mi vida... Como las cosas no pueden quedar así, toco de pronto a mi enemigo y veo que recobra alguno de sus movimientos. Me mira con horror y entiende la situación pero está paralizado e indefenso. Por consiguiente, comienzo a decirle todo lo que quiero, prometiéndole mi revancha de inmediato. Sé que siente todo, pero no puede responder, así es que comienzo por recordarle aquellas situaciones en las que me afectó tan negativamente. (*)
Mientras estoy atareado con mi enemigo, aparecen caminando varias personas. Se detienen ante nosotros y empiezan a apremiar al sujeto. Este comienza a responder entre llantos que está arrepentido de lo que ha hecho. Pide perdón y se arrodilla mientras los recién llegados continúan interrogándolo. (*)
Pasado un tiempo, proclaman que una persona tan infame no puede seguir viviendo así es que lo condenan a muerte. Están por lincharlo, mientras la víctima pide clemencia. Entonces lo perdono. Todos acatan mi decisión. Luego el grupo se va muy conforme. Quedamos solos nuevamente. Aprovecho la situación para completar mi desquite, ante su desesperación creciente. De manera que termino por decir y hacer todo lo que me parece adecuado. (*)
El cielo se oscurece violentamente y empieza a llover con fuerza. Mientras busco refugio tras una vidriera, observo que la ciudad recobra su vida normal. Los peatones corren, los vehículos marchan con cuidado por entre cortinas de agua y ráfagas de viento huracanado. Fulgores eléctricos continuados y fuertes truenos enmarcan la escena mientras sigo mirando a través de los cristales. Me siento totalmente relajado, como vacío por dentro, mientras observo casi sin pensar.
En ese momento aparece mi enemigo buscando protección de la tormenta. Se acerca y me dice: “¡qué suerte estar juntos en esta situación!” Me observa tímidamente. Lo reconforto con una suave palmada, mientras se encoge de hombros. (*)
Comienzo a revisar en mi interior, los problemas del otro. Veo sus dificultades, los fracasos de su vida, sus enormes frustraciones, su debilidad. (*)
Siento la soledad de ese ser humano que se cobija a mi lado húmedo y tembloroso. Lo veo sucio, en un abandono patético. (*)
Entonces, en un rapto de solidaridad, le digo que voy a ayudarlo. El no dice palabra alguna. Baja la cabeza y mira sus manos. Advierto que sus ojos se nublan. (*)
Ha cesado la lluvia. Salgo a la calle y aspiro profundamente el aire limpio. Inmediatamente me alejo del lugar.

Recomendación

Advertir las resistencias y las contradicciones que se crean entre lo que se desearía hacer y decir y lo que se terminó realizando en las escenas. Estudiar si la reconciliación producida en la experiencia modifica la conducta cotidiana respecto del problema. Si las resistencias a la reconciliación no han sido superadas, se sugiere repetir la experiencia.

Posibles temas de intercambio

¿Cuáles son las resistencias y las contradicciones que surgen entre lo que se querría hacer y decir y lo que efectivamente se hace y se dice en las varias escenas?
Relación entre estas resistencias y las dificultades de comportamiento en la vida cotidiana.

4. El gran error . Experiencia guiada de pasado.

Interés

Esta experiencia tiene por objeto reencontrar el momento del pasado que, normalmente, toda persona negativiza. En ese punto aparecen los “culpables” de mis aparentes derrotas. He ahí una de las fuentes de mis frustraciones, de mis resentimientos, de mi conciencia culposa y, a veces, de mi autocompasión. Reenfocar el aparente “gran error” de la propia vida y asumir un nuevo punto de vista sobre el mismo, contribuye a dar coherencia y unidad al proceso afectivo y en general existencial. Este es un claro ejemplo de meditación dinámica sobre el pasado que propone, además, una fórmula práctica de reconciliación consigo mismo.

Relax.

Experiencia guiada: El gran error.

Estoy de pie frente a una especie de tribunal. La sala, repleta de gente, permanece en silencio. Por todas partes veo rostros severos. Cortando la tremenda tensión acumulada en la concurrencia, el Secretario (ajustando sus gafas), toma un papel y anuncia solemnemente: “Este Tribunal, condena al acusado a la pena de muerte”. Inmediatamente se produce un griterío. Hay quienes aplauden, otros abuchean. Alcanzo a ver a una mujer que cae desmayada. Luego, un funcionario logra imponer silencio.
El Secretario me clava su turbia mirada al tiempo que pregunta: “¿Tiene algo que decir?”. Le respondo que sí. Entonces, todo el mundo vuelve a sus asientos. Inmediatamente, pido un vaso con agua y luego de alguna agitación en la sala, alguien me lo acerca. Lo llevo a la boca y tomo un sorbo. Completo la acción con una sonora y prolongada gárgara. Después digo: “ya está!”. Alguien del tribunal me increpa ásperamente “–¡cómo que ya está!”. Le respondo que sí, que ya está. En todo caso, para conformarlo le digo que el agua del lugar es muy buena, que quién lo hubiera dicho, y dos o tres gentilezas por el estilo...
El Secretario, termina de leer el papel con estas palabras: “...por consiguiente, se cumplirá la sentencia hoy mismo dejándolo en el desierto sin alimentos y sin agua. Sobre todo, sin agua. ¡He dicho!” Le pregunto con fuerza: “¿Cómo que... he dicho?”. El Secretario, arqueando las cejas afirma: “¡Lo que he dicho, he dicho!”
Al poco tiempo me encuentro en medio del desierto viajando en un vehículo, escoltado por dos bomberos. Paramos en un punto y uno de ellos dice: “¡Baje!”. Entonces, bajo. El vehículo gira y regresa por donde vino. Lo veo hacerse cada vez más pequeño, a medida que se aleja entre las dunas.
El sol está declinando pero es intenso. Comienzo a sentir mucha sed. Me quito la camisa, colocándola sobre la cabeza. Investigo alrededor. Descubro cerca una hondonada al costado de unas dunas. Voy hacia ellas y termino sentándome en el delgado espacio de sombra que proyecta la ladera. El aire se agita vivamente levantando una nube de arena que oscurece al sol. Salgo de la hondonada temiendo ser sepultado si el fenómeno se acentúa. Las partículas arenosas pegan en mi torso descubierto, como ráfagas de metralla vidriosa. Al poco tiempo la fuerza del viento me ha derribado.
Pasó la tormenta, el sol se ha puesto. En el crepúsculo veo ante mi una semiesfera blanquecina, grande como un edificio de varios pisos. Pienso que se trata de un espejismo. No obstante, me incorporo dirigiéndome hacia ella. A muy poca distancia, advierto que la estructura es de un material terso, como plástico espejado, tal vez henchida por aire comprimido.
Me recibe un sujeto vestido a la usanza beduina. Entramos por un tubo alfombrado. Se corre una plancha y al mismo tiempo me asalta el aire refrescante. Estamos en el interior de la estructura. Observo que todo está invertido. Se diría que el techo es un piso plano del que penden diversos objetos: mesas redondas elevadas con las patas hacia arriba; aguas que cayendo en chorros se curvan y vuelven a subir y formas humanas sentadas en lo alto. Al advertir mi extrañeza, el beduino me pasa unas gafas, mientras dice: “¡póngaselas!”. Obedezco y se restablece la normalidad. Al frente veo una gran fuente que expele verticales chorros de agua. Hay mesas y diversos objetos exquisitamente combinados en color y forma.
Se me acerca gateando el Secretario. Dice que está terriblemente mareado. Entonces le explico que está viendo la realidad al revés y que debe quitarse las gafas. Se las quita y se incorpora suspirando, al tiempo que dice: “En efecto, ahora todo está bien, sólo que soy corto de vista”. Luego agrega que me andaba buscando para explicar que yo no soy la persona a la que debía juzgar; que ha sido una lamentable confusión. Inmediatamente, sale por una puerta lateral.
Caminando unos pasos, me encuentro con un grupo de personas sentadas sobre almohadones en círculo. Son ancianos de ambos sexos, con características raciales y atuendos diferentes. Todos ellos, de hermosos rostros. Cada vez que uno de ellos abre la boca, brotan sonidos como de engranajes lejanos, de máquinas gigantes, de relojes inmensos. Pero también escucho la intermitencia de los truenos, el crujido de las rocas, el desprendimiento de los témpanos, el rítmico rugido de volcanes, el breve impacto de la lluvia gentil, el sordo agitar de corazones; el motor, el músculo, la vida... pero todo ello armonizado y perfecto, como en una orquesta magistral.
El beduino me da unos audífonos, diciendo: “Colóqueselos. Son traductores”. Me los pongo y escucho claramente una voz humana. Comprendo que es la misma sinfonía de uno de los ancianos, traducida para mi torpe oído. Ahora, al abrir él la boca, escucho: “...somos las horas, somos los minutos, somos los segundos... somos las distintas formas del tiempo. Como hubo un error contigo, te daremos la oportunidad de recomenzar tu vida. ¿Dónde quieres empezarla de nuevo? Tal vez desde el nacimiento... tal vez un instante antes del primer fracaso. Reflexiona”. (*)
He tratado de encontrar el momento en el que perdí el control de mi vida. Se lo explico al anciano. (*)
Muy bien –dice él– y ¿cómo vas a hacer, si vuelves a ese momento, para tomar un rumbo diferente? Piensa que no recordarás lo que viene después. Queda otra alternativa, –agrega– puedes volver al momento del mayor error de tu vida y, sin cambiar los acontecimientos, cambiar sin embargo sus significados. De ese modo, puedes hacerte una vida nueva.
En el momento en que el anciano hace silencio, veo que todo a mi alrededor se invierte en luces y colores, como si se transformara en el negativo de una película... hasta que todo vuelve a la normalidad. Pero me encuentro en el momento del gran error de mi vida. (*)
Allí estoy impulsado a cometer el error. ¿Y por qué estoy obligado a hacerlo? (*)
¿No hay otros factores que influyen y no los quiero ver? El error fundamental, ¿a qué cosas se debe? ¿Qué tendría que hacer, en cambio? ¿Si no cometo ese error, cambiará el esquema de mi vida y esta será mejor o peor? (*)
Trato de comprender que las circunstancias que obran no pueden ser modificadas y acepto todo como si fuera un accidente de la naturaleza: como un terremoto, o un río que desbordando su lecho, arruina el trabajo y la vivienda de los pobladores. (*)
Me esfuerzo por aceptar que en los accidentes no hay culpables. Ni mi debilidad; ni mis excesos; ni las intenciones de otros, pueden ser modificadas en este caso. (*)
Sé que si ahora no me reconcilio, mi vida a futuro seguirá arrastrando la frustración. Entonces, con todo mi ser, perdono y me perdono. Admito aquello que ocurrió como algo incontrolable por mi y por otros. (*)
La escena comienza a deformarse invirtiéndose los claroscuros como en un negativo de fotografía. Al mismo tiempo, escucho la voz que me dice: “Si puedes reconciliarte con tu mayor error, tu frustración morirá y habrás podido cambiar tu Destino...”
Estoy de pie en medio del desierto. Veo aproximarse un vehículo. Le grito: “¡Taxi!”. Al poco tiempo estoy sentado cómodamente en los asientos traseros. Miro al conductor que está vestido de bombero y le digo: “Lléveme a casa... no se apure, así tengo tiempo de cambiarme la ropa.” Pienso: “¿Quién no ha sufrido más de un accidente a lo largo de su vida?”

Recomendación

Diariamente recrear la experiencia, particularmente en el regreso a la situación del gran fracaso. Examinar todos los factores que actuaron en aquel momento, comprendiendo lo accidental que impulsó en esa dirección. En esta práctica aparecen por lo menos cuatro tipos de resistencias: 1° imposibilidad de encontrar el momento o situación del “gran error”; 2° imposibilidad de comprender que gracias a ese error he podido obtener otros logros, habiendo llegado hasta el momento actual; 3° imposibilidad de considerar que merced a los problemas detectados, pude eludir situaciones que hubieran resultado más graves y 4° imposibilidad de considerar aquellas situaciones como hechos accidentales que escaparon a todo control mío o de otros, a los cuales atribuyo culpabilidad. Las resistencias mencionadas deberán ser meditadas, aparte de la experiencia, verificando en la vida diaria si se producen cambios de enfoque en la situación actual por acción de la reconciliación con el pasado.

Posibles temas de intercambio

¿Cuál sería el “gran error” de mi vida?
¿Qué he aprendido, en todo caso, gracias a ello?
¿Qué he logrado evitar gracias a ello?
Tal como estuvieron entonces las cosas, ¿habría sido posible evitarlo?

5. La nostalgia Experiencia guiada de pasado.

Interés

Esta experiencia tiene por finalidad reconciliar contenidos de relaciones sentimentales que, por diversos acontecimientos, resultaron deterioradas. La recomposición de esos hechos pasados, gracias a un nuevo punto de vista, apunta a mejorar la posición que uno tiene respecto de las personas del otro sexo. Esta experiencia bien trabajada contribuye a superar numerosas frustraciones y resentimientos, predisponiendo a una actitud constructiva presente y futura. Esta práctica no es provechosa para las personas muy jóvenes en razón de la escasa cantidad de anécdotas del tipo que se propone a continuación.

Relax.

Esperiencia guiada. La nostalgia.

Las luces coloreadas destellan al ritmo de la música. Tengo al frente a quien fue mi gran amor. Bailamos lentamente y cada flash me muestra un detalle de su rostro o de su cuerpo. (*)
¿Qué falló entre nosotros? Tal vez el dinero. (*)
Tal vez aquellas otras relaciones. (*)
Tal vez aspiraciones diferentes. (*)
Tal vez el destino, o eso tan difícil de precisar entonces. (*)
Bailo lentamente, pero ahora con quién fue ese otro gran amor. Cada flash me muestra un detalle de su rostro o de su cuerpo. (*)
¿Qué falló entre nosotros? Tal vez el dinero. (*)
Tal vez aquellas otras relaciones. (*)
Tal vez aspiraciones diferentes. (*)
Tal vez el destino, o eso tan difícil de precisar entonces. (*)
Yo te perdono y me perdono, porque si el mundo baila alrededor y nosotros bailamos, qué podemos hacer por las férreas promesas que fueron mariposas de colores cambiantes.
Rescato lo bueno y lo bello del ayer contigo. (*)
Y también contigo. (*)
Y con todos aquellos en los que encandilé mis ojos. (*)
¡Ah, sí! La pena, la sospecha, el abandono, la infinita tristeza y las heridas del orgullo, son el pretexto. Qué pequeños resultan al lado de una frágil mirada. Porque los grandes males que recuerdo son errores de danza y no la danza misma.
De ti agradezco la sonrisa leve. Y de ti el murmullo. Y de todos aquellos, agradezco la esperanza de un amor eterno. Quedo en paz con el ayer presente. Mi corazón está abierto a los recuerdos de los bellos momentos. (*)

Recomendación

Observar si en la vida diaria se modifican prevenciones o suspicacias en nuestra relación con personas del sexo opuesto. Trabajar nuevamente la experiencia, si las resistencias que aparecieron no fueron vencidas.

Posibles temas de intercambio

Posibilidad de rescatar lo bueno y lo hermoso de cada una de las relaciones amorosas del pasado.

6. La pareja ideal Experiencia guiada de pasado

Interés

La experiencia propone una revisión de relaciones afectivas que permita comprender al practicante cómo las búsquedas, encuentros, rupturas y fantasías con personas del sexo opuesto, están ligados a un núcleo ideal de pareja, difícil de advertir cotidianamente, pero que sin duda opera y orienta en determinadas direcciones provocando, a veces, tremendos desencantos al no coincidir con la realidad.

Relax.

Experiencia guiada. La pareja ideal

Caminando por un espacio abierto, destinado a exposiciones industriales, veo galpones y maquinaria. Hay muchos niños a los que se ha destinado juegos mecánicos de alta tecnología.
Me acerco hasta un gigante hecho de material sólido. Está de pie. Tiene una gran cabeza pintada en colores vivos. Una escalera llega hasta su boca. Por ella trepan los pequeños hasta la enorme cavidad y cuando uno entra, esta se cierra suavemente. Al poco tiempo, el niño sale expulsado por la parte trasera del gigante deslizándose por un tobogán que termina en la arena. Uno a uno van entrando y saliendo, acompañados por la música que brota del gigante:
“¡Gargantúa se traga a los niños con mucho cuidado sin hacerles mal! ¡Ajajá, ajajá, con mucho cuidado, sin hacerles mal!”
Me decido a subir por la escalerilla y entrando en la enorme boca, encuentro a un recepcionista que me dice: “Los niños siguen por el tobogán, los grandes por el ascensor”.
El hombre continúa dando explicaciones, mientras descendemos por un tubo transparente. En un momento le digo que ya debemos estar a nivel del suelo. Él comenta que recién andamos por el esófago, ya que el resto del cuerpo está bajo tierra, a diferencia del gigante infantil que está íntegro en la superficie. “Sí, hay dos Gargantúas en uno –me informa– el de los niños y el de los grandes. Estamos a muchos metros bajo el suelo... Ya hemos pasado el diafragma, de manera que pronto llegaremos a un lugar muy simpático. Vea, ahora que se abre la puerta de nuestro ascensor, se nos presenta el estómago... ¿Quiere bajar aquí? Como usted ve, es un moderno restaurante en el que se sirven dietas de todas partes del mundo”.
Le digo al recepcionista que tengo curiosidad por el resto del cuerpo. Entonces, seguimos descendiendo. “Ya estamos en el bajo vientre –anuncia mi interlocutor, mientras abre la puerta–. Tiene una decoración muy original. Las paredes de colores cambiantes son cavernas forradas delicadamente. El fuego central en medio del salón, es el generador que da energía a todo el gigante. Los asientos están para reposo del visitante. Las columnas distribuidas en distintos puntos permiten jugar a los escondites... uno puede aparecer y desaparecer tras ellas. Tiene más gracia si son varios los visitantes que participan. Bien, lo dejo aquí si es su deseo. Basta que se acerque hasta la entrada del ascensor para que la puerta se abra y pueda regresar a la superficie. Todo es automático... una maravilla, ¿no le parece?”.
Se cierra la hoja y quedo solo en el recinto.
Creo estar dentro del mar. Un gran pez pasa a través mío y comprendo que los corales, las algas y las diversas especies vivas, son proyecciones tridimensionales que dan un increíble efecto de realidad. Me siento a observar sin apuros el distensador espectáculo. De pronto, veo que desde el fuego central sale una figura humana con el rostro cubierto. Se me acerca lentamente. Deteniéndose a corta distancia, dice: “Buenos días, soy una holografía. Hombres y mujeres tratan de encontrar en mí a su pareja ideal. Estoy programada para tomar el aspecto que usted busca, pero ¿cuál es ese aspecto? Yo no puedo hacer nada sin un pequeño esfuerzo de su parte. Pero si lo intenta, sus ondas encefálicas serán decodificadas, amplificadas, trasmitidas y recodificadas nuevamente en el ordenador central el cual, a su vez, hará las recomposiciones que me permitirán ir perfilando mi identidad”.
“Y entonces, ¿qué hago?” –le pregunto.
“Le recomiendo –explica– que proceda en el siguiente orden. Piense en qué rasgos comunes han tenido todas las personas con las que se ligó afectivamente. No se refiera solamente al cuerpo o al rostro, sino también a caracteres. Por ejemplo: ¿eran protectoras, o por lo contrario, inspiraban en usted necesidad de darles protección?” (*)
“¿Eran valientes, tímidas, ambiciosas, engañadoras, soñadoras; o crueles?” (*)
“Y ahora, ¿qué cosa igualmente desagradable, o reprochable, o negativa, han tenido en común?”. (*)
“¿Cuáles han sido sus rasgos positivos?” (*)
“¿En qué se han parecido los comienzos de todas esas relaciones?” (*)
“¿En qué se han parecido los finales?” (*)
“Procure recordar con qué personas se ha querido relacionar, sin que las cosas resultaran y por qué no resultaron.” (*)
“Ahora, atención, empezaré a tomar las formas que usted ambiciona. Indíqueme y lo haré a la perfección. Estoy lista, así es que piense: ¿Cómo debo caminar? ¿Cómo estoy vestida? ¿Qué hago exactamente? ¿Cómo hablo? ¿En qué lugar estamos y qué hacemos?”
“¡Mira mi rostro, tal cual es!” (*)
“Mira en la profundidad de mis ojos, porque ya he dejado de ser una proyección para convertirme en algo real... mira en la profundidad de mis ojos y dime dulcemente qué ves en ellos.” (*)
Me levanto para tocar la figura pero ella me elude, desapareciendo tras una columna. Cuando llego al lugar compruebo que se ha esfumado. Sin embargo, siento en mi hombro una mano que se apoya suavemente, al tiempo que alguien dice: “No mires hacia atrás. Debe bastarte con saber que estamos muy cerca el uno del otro y que, gracias a eso, pueden aclararse tus búsquedas”. En el momento en que termina la frase, me vuelvo para ver a quién está a mi lado, pero sólo percibo a una sombra que huye. Simultáneamente, el fuego central ruge y aumenta su brillo deslumbrándome.
Me doy cuenta que la escenografía y la proyección han creado el ambiente propicio para que brote la imagen ideal. Esa imagen que está en mí y que llegó a rozarme, pero que por una impaciencia incomprensible desapareció entre mis dedos. Sé que ha estado cerca mío y eso me basta. Sin embargo, compruebo que el ordenador central no pudo proyectar una imagen táctil como la que sentí sobre mi hombro...
Llego a la entrada del ascensor. La puerta se abre y entonces escucho un canto infantil: “¡Gargantúa se traga a los grandes con mucho cuidado sin hacerles mal! ¡Ajajá, ajajá, con mucho cuidado, sin hacerles mal!”

Recomendación

Reconocer en la vida diaria los temas trabajados en la experiencia.


Posibles temas de intercambio

¿Cuáles son las características comunes de las personas con que se ha tenido relaciones sexual-afectivas?
¿Qué es lo que profundamente se ve en ellas?

7. El resentimiento Experiencia guiada de pasado

Interés

Esta experiencia apunta a lograr un estado de reconciliación con aquella persona a la que estoy ligado negativamente. Si ese objetivo es logrado, la misma técnica habrá de servir para obtener reconciliaciones de menor importancia. Todo enemigo y todo resentimiento en mi interior, limita mi presente y obstruye el futuro. A la luz de esta idea, los trabajos de reconciliación con el pasado asumen un papel de la mayor importancia para el desarrollo personal y la eficacia en la vida diaria.

Relax.

Expèriencia guiada. El resentimiento

Es de noche. Estoy en una antigua ciudad surcada por canales de agua que pasan bajo los puentes de las calles. Acodado en una balaustrada, miro hacia abajo el lento desplazamiento de una líquida y turbia masa. A pesar de la bruma alcanzo a ver, sobre otro puente, un grupo de personas. Apenas escucho los instrumentos musicales, que acompañan voces tristemente desafinadas. Lejanas campanadas ruedan hasta mí, como pegajosas oleadas de lamento.
El grupo se ha ido, las campanas han callado.
En un pasaje diagonal, malsanas luces de colores fluorescentes apenas iluminan.
Emprendo mi camino internándome en la niebla. Luego de deambular entre callejuelas y puentes desemboco en un espacio abierto. Es una plaza cuadrada, al parecer vacía. El piso embaldosado me lleva hasta un extremo cubierto por las aguas quietas.
La barca, semejante a una carroza, me espera adelante. Pero antes, debo avanzar por entre dos largas filas de mujeres. Vestidas con túnicas negras y sosteniendo antorchas, dicen en coro a mi paso: “¡Oh, Muerte!, cuyo ilimitado imperio, alcanza dondequiera a los que viven. De ti el plazo concedido a nuestra edad, depende. Tu sueño perenne aniquila a las multitudes, ya que nadie elude tu poderoso impulso. Tú, únicamente, tienes el juicio que absuelve, y no hay arte que pueda imponerse a tu arrebato, ni súplica que revoque tu designio”.
Subiendo a la carroza, recibo la ayuda del barquero que luego permanece en pie detrás de mí Me acomodo en un espacioso asiento. Advierto que nos elevamos hasta quedar ligeramente despegados del agua. Entonces, comenzamos a desplazarnos suspendidos sobre un mar abierto e inmóvil, como espejo sin fin que refleja a la luna.
Hemos llegado a la isla. La luz nocturna permite ver un largo camino bordeado de cipreses. La barca se posa en el agua, balanceándose un poco. Bajo de ella, mientras el barquero permanece impasible.
Avanzo rectamente entre los árboles que silban con el viento. Sé que mi paso es observado. Presiento que hay algo o alguien escondido más adelante. Me detengo. Tras un árbol, la sombra me llama con lentos ademanes. Voy hacia ella y casi al llegar, un hálito grave, un suspiro de muerte, pega en mi rostro: “¡Ayúdame! –murmura–, sé que has venido a libertarme de esta prisión confusa. Sólo tú puedes hacerlo... ¡Ayúdame!”
La sombra explica que es aquella persona con la que estoy profundamente resentido. (*)
Y, como adivinando mi pensamiento, agrega: “No importa que aquel con quien estás ligado por el resentimiento más profundo haya muerto o esté con vida, ya que el dominio del oscuro recuerdo no respeta fronteras”.
Luego continúa: “Tampoco hay diferencias en que el odio y el deseo de venganza, se anuden en tu corazón desde la niñez o desde el ayer reciente. Nuestro tiempo es inmóvil, por eso siempre acechamos para surgir deformados como distintos temores, cuando la oportunidad se hace propicia. Y esos temores, son nuestra revancha por el veneno que debemos probar cada vez”.
Mientras le pregunto qué debo hacer, un rayo de luna ilumina débilmente su cabeza cubierta por un manto. Luego, el espectro se deja ver con claridad y en él reconozco las facciones de quien abrió mi más grande herida. (*)
Le digo cosas que jamás hubiera comentado con nadie; le hablo con la mayor franqueza de que soy capaz. (*)
Me pide que considere nuevamente el problema y que le explique los detalles más importantes sin limitación, aunque mis expresiones sean injuriosas. Enfatiza en que no deje de mencionar ningún rencor que sienta, ya que de otro modo seguirá cautivo para siempre. Entonces, procedo de acuerdo a sus instrucciones. (*)
Inmediatamente, me muestra una fuerte cadena que lo une a un ciprés. Yo, sin dudar, la rompo con un tirón seco. En consecuencia, el manto se desploma vacío y queda extendido en el suelo, al tiempo que una silueta se desvanece en el aire y la voz se aleja hacia las alturas, repitiendo palabras que he conocido antes: “¡Adiós de una vez! Ya la luciérnaga anuncia la proximidad del alba y empieza a palidecer su indeciso fulgor. Adiós, adiós, adiós. ¡Acuérdate de mí!”
Al comprender que pronto amanecerá, giro sobre mí para volver a la barca, pero antes recojo el manto que ha quedado a mis pies. Lo cruzo en mi hombro y apuro el paso de regreso. Mientras me acerco a la costa, varias sombras furtivas me preguntan si algún día volveré a liberar otros resentimientos.
Ya cerca del mar, veo un grupo de mujeres vestidas con túnicas blancas, sosteniendo sendas antorchas en alto. Llegando a la carroza, doy el manto al barquero. Este, a su vez, lo entrega a las mujeres. Una de ellas le pega fuego. El manto arde y se consume velozmente, sin dejar cenizas. En ese instante, siento un gran alivio, como si hubiera perdonado con sinceridad, un enorme agravio. (*)
Subo a la barca, que ahora tiene el aspecto de una moderna lancha deportiva. Mientras nos separamos de la costa sin encender aún el motor, escucho al coro de las mujeres que dice: “Tú tienes el poder de despertar al aletargado, uniendo el corazón a la cabeza, librando a la mente del vacío, alejando las tinieblas de la interna mirada y el olvido. Ve, bienaventurada potestad. Memoria verdadera, que enderezas la vida hacia el recto sentido”.
El motor arranca en el instante en que empieza a levantarse el sol en el horizonte marino. Miro al joven lanchero de rostro fuerte y despejado, mientras acelera sonriente hacia el mar.
Ahora que nos acercamos a gran velocidad, vamos rebotando en el suave oleaje. Los rayos del sol, doran las soberbias cúpulas de la ciudad, mientras a su alrededor flamean palomas en alegres bandadas.

Recomendación

Comprobar si se han vencido resistencias de acuerdo con las imágenes propuestas. Tener en cuenta, particularmente, las sensaciones que acompañaron a la quema del manto. Ellas son las que mejor indican si se produjo alguna transformación de los sentimientos negativos. En caso de no haber vencido resistencias, trabajar la experiencia nuevamente.


Posibles temas de intercambio

¿Qué encadenamiento me produce el resentimiento?
¿Qué se ha experimentado al romper la cadena y qué registros han acompañado el acto de quemar el manto?

8. Ejercicio de descenso. Experiencia guiada de pasado.

Interés

Los problemas en el descenso están relacionados con dificultades físicas, generalmente respiratorias. En caso que ellas no tengan lugar, pueden estar ligadas a accidentes sufridos por encerramiento, asfixias, ahogos, etc. Excluyendo los casos mencionados, las resistencias al descenso revelan temores a la reconstrucción del propio pasado. También muestran inquietud porque algunos impulsos escapen al control de la conciencia o de la conducta. Tales impulsos suelen ser ideas o sentimientos obsesivos y actitudes compulsivas que obligan al individuo a hacer cosas que no desea.

Relax.

Experiencia guiada. El descenso

Estamos en un pequeño barco, mar adentro. Al comenzar a levar ancla notamos que ésta se ha trabado. Anuncio a mis compañeros que iré a ver qué pasa. Bajo por una escalerilla entrando en el agua calma. Al sumergirme veo un cardumen de pequeños peces, el casco del barco y la cadena del ancla. Nado hacia ella y aprovechándola, desciendo. Noto que puedo respirar sin dificultad de manera que continúo bajando por la cadena hasta llegar al fondo, ya poco iluminado.
El ancla está atascada en unos restos de metal. Me acerco, tirando fuertemente hacia arriba. El piso cede. He levantado una tapa que deja al descubierto cierto espacio cuadrado por el que me introduzco. (*)
Nado a mayor profundidad y al sentir una corriente submarina fría, sigo su dirección. Termino tocando una superficie lisa, cubierta a tramos por vegetales marinos. Asciendo sin alejarme de ella. A medida que refloto, percibo mayor claridad. (*)
Emerjo en un ojo de agua adentro de una caverna, difusamente iluminada. Subo a una especie de plataforma. Camino unos pasos y descubro escalinatas. Comienzo a bajar por ellas sigilosamente.
El pequeño pasadizo se estrecha cada vez más, mientras sigo descendiendo por la escalera ahora muy resbaladiza. Veo teas encendidas con regularidad. Ahora, la bajada se ha tornado casi vertical. El ambiente es húmedo y sofocante. (*)
Una reja oxidada, a modo de puerta, me impide el paso. Empujo y se abre rechinando. La escalera ha terminado y ahora hay sólo una rampa embarrada por la que me desplazo con cuidado. El olor es pegajoso, casi sepulcral. (*)
Una ráfaga de aire amenaza apagar las antorchas. Al fondo, escucho el rugido de un mar embravecido azotando las rocas. Comienzo a experimentar dudas acerca de mi regreso. El viento silba con fuerza, apagando la tea más baja. Entonces, empiezo a subir frenando todo impulso de sobresalto. Lentamente, asciendo por la rampa barrosa. Llego a la puerta oxidada. Está cerrada... La abro nuevamente y continúo subiendo fatigosamente por las escaleras casi verticales, mientras las antorchas siguen apagándose a mis espaldas. La escalera de piedra está cada vez más resbaladiza de manera que doy cuidadosos pasos. He alcanzado la cueva. Llego a la plataforma y me sumerjo en el ojo de agua en el instante en que se apaga la última luz Desciendo hacia las profundidades, tocando la superficie lisa y vegetal. Todo está a oscuras. (*)
Al sentir una correntada fría, nado en dirección opuesta con gran dificultad. (*)
Logro salir de la corriente. Ahora subo verticalmente, hasta que doy con un techo de piedra. Busco en todas las direcciones para encontrar la apertura cuadrada. (*)
He llegado al lugar. Paso por el orificio. Ahora desengancho el ancla de su trampa y apoyo mis pies en ella mientras muevo la cadena para avisar a mis camaradas. Desde arriba están izando el ancla conmigo como pasajero. Lentamente se va iluminando el espacio acuático, mientras observo un fascinante arco iris de seres submarinos. Emerjo. Suelto la cadena y aferrándome a la escalerilla del barco, subo ante los vítores y bromas de mis amigos. (*)

Recomendación

Observar si en la vida diaria se reproducen las mismas resistencias que en la experiencia. Parejamente, si en la experiencia o en otras repetidas se han vencido las dificultades, confrontar con situaciones en las que aparecían los problemas, comprobando si se ha logrado progresar.

Posibles temas de intercambio

Intercambio sobre las dificultades o facilidades encontradas en la realización del ejercicio.

9. Catarsis (El deshollinador) Experiencia guiada de pasado

Interés

Esta práctica tiene por finalidad lograr un inmediato alivio de las tensiones internas motivadas por conflictos no resueltos o directamente negados. La negación, generalmente opera por olvido o por racionalización, de modo que las dificultades quedan desplazadas sin posibilidad de ser elaboradas en el nivel que les corresponde.

Relax.

Experiencia guiada. Catarsis (el deshollinador)

Luego me toma la cabeza y la mueve de izquierda a derecha; adelante y atrás, para que relaje el cuello y los hombros. Destaca como importante que los ojos y la mandíbula queden flojos. (*)
Indica posteriormente que suelte los músculos del tronco. Primeramente, los de adelante. Después, los de atrás. (*)
No se ha preocupado de las tensiones en brazos y piernas porque, según asegura, ellos se distienden solos como consecuencia de lo anterior. Me recomienda ahora que sienta a mi cuerpo blando, como de goma; “tibio” y pesado, hasta encontrar una sensación algodonosa y placentera. (*)
Me dice: “Vamos derecho al grano. Revise hasta el último detalle ese problema que lo tiene a mal traer. Considere que no estoy aquí para juzgarlo. Yo soy un instrumento suyo y no a la inversa”. (*)
Piense –continúa– en aquello que no le contaría a nadie por ningún motivo. (*)
Cuéntemelo –dice– detenidamente. (*)
“Si lo desea, siga diciéndome todo lo que le haría bien transmitir. Dígalo sin preocuparse por las expresiones y suelte sus emociones libremente.” (*)
Pasado un tiempo, el deshollinador se levanta y toma un objeto alargado, ligeramente curvo. Se pone enfrente mío y dice: “¡Abra la boca!”. Le obedezco. Luego siento que me introduce una especie de pinza larga que me llega hasta el estómago. Sin embargo, advierto que puedo tolerarla... De pronto grita: “¡Lo atrapé!” y comienza a retirar el objeto, poco a poco. Al principio creo que me desgarra algo, pero luego siento que se produce en mí una agitación placentera, como si desde las entrañas y los pulmones se fuera desprendiendo algo que estuvo malignamente adherido durante mucho tiempo. (*)
Va retirando la pinza. Me asombro al sentir que apresado por ella, va saliendo de mi boca una forma dulzona, maloliente y viscosa, que se retuerce... Por último, el deshollinador coloca al desagradable ser en un frasco transparente mientras experimento un inmenso alivio, como una purificación interna de mi cuerpo.
De pie, observo boquiabierto la repugnante “cosa” que se va diluyendo hasta quedar transformada en una gelatina informe. Al poco tiempo, es ya un líquido oscuro. Luego sigue aclarándose, para terminar por consumirse al escapar como gas a la atmósfera. En menos de un minuto, el frasco ha quedado perfectamente limpio.
Ya ve –dice el deshollinador– por eso se llama “limpieza” a este procedimiento. En fin, hoy no ha estado mal. Un poco de problema cotidiano con algo de humillación; una dosis de traición y algún aderezo de conciencia culposa. Resultado: un pequeño monstruo que le impedía tener buenos sueños, buena digestión y buenas otras cosas. Si usted viera... a veces he sacado monstruos enormes. Bien, no se preocupe si conserva una sensación desagradable por un rato... Me despido de usted.

Recomendación

Verificar si se registra la sensación de alivio una vez terminada la experiencia. Comprobar en la vida diaria si los problemas contados en la “catarsis” han perdido fuerza o bien, si han sido comprendidos en un nivel menos conflictivo.

Posibles temas de intercambio

Averiguar si al final de la experiencia se ha registrado la sensación de alivio.


Experiencias de ubicación en el momento actual o Presente

1. La protectora de la vida. Experiencia guiada de presente.

Interés

Esta experiencia pretende una toma de contacto con los problemas del cuerpo. También una afirmación del mismo. Es sabido que la negación de una zona corporal por repudiarla, termina “anestesiando”, insensibilizando el punto. La consecuencia de ello es que todo lo referido al tema termina por ser mentalmente degradado o deformado imaginariamente. La reconciliación con el propio cuerpo es una experiencia recomendable para todas las personas. Asumirlo tal cual es, constituye el primer paso de avance en el criterio de realidad.

Relax.

Experiencia guiada. La protectora de la vida.

Floto de espaldas en un lago. La temperatura es muy agradable. Sin esfuerzo, puedo mirar a ambos lados de mi cuerpo descubriendo que el agua cristalina me permite ver el fondo.
El cielo es de un azul luminoso. Muy cerca hay una playa de arenas suaves, casi blancas. Es un recodo sin oleaje, al que llegan las aguas del mar.
Siento que mi cuerpo flota blandamente y que se relaja cada vez más, procurándome una extraordinaria sensación de bienestar.
En un momento, decido invertir mi posición y, entonces, comienzo a nadar con mucha armonía hasta que gano la playa y salgo caminando lentamente.
El paisaje es tropical. Veo palmeras y cocoteros, al tiempo que percibo en mi piel el contacto del sol y la brisa.
De pronto, a mi derecha, descubro una gruta. Cerca de ella, serpentea el agua transparente de un arroyo. Me acerco al tiempo que veo, dentro de la gruta, la figura de una mujer. Su cabeza está tocada con una corona de flores. Alcanzo a ver los hermosos ojos, pero no puedo definir su edad. En todo caso, tras ese rostro que irradia amabilidad y comprensión, intuyo una gran sabiduría. Me quedo contemplándola mientras la naturaleza hace silencio.
“Soy la protectora de la vida”, me dice. Le respondo tímidamente que no entiendo bien el significado de la frase. En ese momento, veo un cervatillo que lame su mano. Entonces, me invita a entrar a la gruta, indicándome luego que me siente en la arena frente a una lisa pared de roca. Ahora no puedo verla a ella, pero oigo que me dice: “respira suavemente y dime qué ves”. Comienzo a respirar lenta y profundamente. Al momento, aparece en la roca una clara imagen del mar. Aspiro y las olas llegan a las playas. Espiro y se retiran. Me dice: “Todo en tu cuerpo es ritmo y belleza. Tantas veces has renegado de tu cuerpo, sin comprender al maravilloso instrumento de que dispones para expresarte en el mundo” En ese momento, aparecen en la roca diversas escenas de mi vida en las que advierto vergüenza, temor y horror por aspectos de mi cuerpo. Las imágenes se suceden. (*)
Siento incomodidad al comprender que ella está viendo las escenas, pero me tranquilizo de inmediato. Luego agrega: “Aún en la enfermedad y la vejez, el cuerpo será el perro fiel que te acompañe hasta el último momento. No reniegues de él cuando no pueda responder a tu antojo. Mientras tanto, hazlo fuerte y saludable. Cuídalo para que esté a tu servicio y oriéntate solamente por las opiniones de los sabios. Yo que he pasado por todas las épocas, sé bien que la misma idea de belleza cambia. Si no consideras a tu cuerpo como al amigo más próximo, él entristece y enferma. Por tanto, habrás de aceptarlo plenamente. Él es el instrumento de que dispones para expresarte en el mundo... Quiero que veas ahora, qué parte de él es débil y menos saludable”. Al punto, aparece la imagen de esa zona de mi cuerpo. (*)
Entonces, ella apoya su mano en ese punto y siento un calor vivificante. Registro oleadas de energía que se amplían en el punto y experimento una aceptación muy profunda de mi cuerpo tal cual es. (*)
“Cuida a tu cuerpo, siguiendo solamente las opiniones de los sabios y no lo mortifiques con malestares que solo están en tu imaginación. Ahora, vete pleno de vitalidad y en paz”.
Al salir de la gruta reconfortado y saludable, bebo el agua cristalina del arroyo que me vivifica plenamente.
El sol y la brisa besan mi cuerpo. Camino por las arenas blancas hacia el lago y al llegar veo por un instante la silueta de la protectora de la vida que se refleja amablemente en las profundidades.
Voy entrando en las aguas. Mi cuerpo es un remanso sin límite. (*)

Recomendación

Estudiar la coincidencia entre las resistencias de la experiencia y las que se observan en la vida cotidiana. Si en esta experiencia o, al repetirla, se ha producido el vencimiento de resistencias, comprobar su correlato en la vida diaria.

Posibles temas de intercambio

¿Cuáles son los problemas, se trata de una cuestión de imagen o de un problema de salud, relacionados al propio cuerpo?
¿Es posible llegar a considerar al propio cuerpo como el amigo más cercano?

2. Ejercicio de Avances y retrocesos. Experiencia guiada de presente.

Interés

Las dificultades en la realización de este ejercicio reflejan una cierta desorientación actual en la persona afectada. Los movimientos muy veloces muestran la misma impulsividad y descontrol que en la vida diaria. Los “cortes” en las secuencias coinciden con las interrupciones o incumplimientos de acciones cotidianas. El desorden en las secuencias reproduce el desorden en la acción. Gracias al dominio de esta práctica se obtienen cambios importantes de conducta en el quehacer diario.

Relax.

Experiencia guiada: Avances y retrocesos.

En una habitación bien iluminada, camino unos pasos y abro una puerta. Avanzo despacio por un pasillo. Entro por otra puerta a la derecha y encuentro un nuevo pasillo. Avanzo. Una puerta a la izquierda. Entro y avanzo. Nueva puerta a la izquierda. Entro y avanzo. Nueva puerta a la izquierda, entro y avanzo. Retrocedo lentamente por el mismo camino hasta volver a la habitación inicial. (*)
Hacia la derecha del cuarto hay un gran ventanal que deja ver un jardín. Desplazo el cristal. Salgo afuera. En el suelo hay preparado un aparato que tensa un alambre de acero y lo suspende a poca distancia del suelo. Sigue líneas caprichosas. Subo al alambre haciendo equilibrio. Primeramente, doy un paso. Luego, otro. Me desplazo siguiendo curvas y líneas rectas. Lo hago sin dificultad. Ahora, de espaldas, efectúo el camino inverso hasta llegar al punto inicial. (*)
Bajo del alambre. Vuelvo a la habitación. Veo un espejo hecho a mi medida. Camino hacia él pausadamente, mientras observo que mi imagen viene, lógicamente, en mi dirección. Así, hasta tocar el vidrio. Luego, retrocedo de espaldas mirando cómo mi imagen se aleja. Me acerco nuevamente hasta tocar el vidrio, pero descubro que mi imagen retrocede y termina por desaparecer. Veo ahora que mi imagen viene caminando de espaldas. Se detiene antes de llegar al vidrio, gira sobre sus talones y avanza hacia mí. Salgo a un patio de grandes baldosas. En un lugar central, hay un sofá emplazado exactamente sobre una baldosa negra. Todas las otras son blancas. Me explican que el asiento tiene la virtud de desplazarse siempre en línea recta y en todas direcciones, pero sin cambiar de frente. Me acomodo en él y digo: “Tres baldosas adelante”. Entonces, el asiento se ubica donde he indicado. Cuatro a la derecha. Dos hacia atrás. Dos a la izquierda. Una hacia atrás. Dos a la izquierda, terminando en la baldosa negra. Ahora: tres atrás. Una a la derecha. Una atrás. Cuatro a la derecha. Cuatro hacia adelante. Cinco a la izquierda, llegando a destino. Por último: tres a la izquierda. Dos hacia atrás. Una hacia adelante. Dos a la derecha. Tres hacia atrás. Una a la derecha. Cuatro hacia adelante, concluyendo en la baldosa indicada.
Me levanto y salgo de la casa. Estoy parado en medio de una gran carretera. No se desplaza ningún vehículo. Veo acercarse derechamente hacia mí, una persona a la que quiero mucho. Ha llegado tan cerca que casi está tocándome. (*)
Ahora retrocede alejándose cada vez más, hasta desaparecer. (*)
Veo que se acerca una persona que me suscita profundo desagrado. Ha llegado muy cerca mío. (*)
Ahora retrocede alejándose cada vez más, hasta desaparecer. (*)
Estoy sentado aquí. Recuerdo una escena sumamente difícil en la que estoy frente a otras personas. Me voy alejando de esas personas. (*)
Recuerdo una escena en la que me veo participando con mucho agrado. Me voy alejando de la situación. (*)

Recomendación

Relacionar las resistencias advertidas en la experiencia con dificultades de la vida diaria. Al vencer resistencias en esta experiencia o su repetición, cotejar con progresos cotidianos.

Posibles temas de intercambio

Intercambio sobre las dificultades o facilidades encontradas en la realización del ejercicio.

3. El trineo . Experiencia guiada de presente.

Interés

Los problemas en los desplazamientos (sobre los que trata la presente experiencia) generalmente están relacionados con dificultades de conducta en lo que hace a la conexión del individuo con su medio. Muchas personas convencidas de sus impedimentos corporales como debilidad, falta de agilidad, lentitud, etc., reproducen en esta práctica iguales fallas. Aquellas otras, que muestran comportamientos excesivamente impetuosos, en este ejercicio suelen desarrollar imágenes descontroladas evidenciándose en ellas una gran impaciencia cuando tratan de imprimirles la velocidad correcta que la experiencia va sugiriendo.

Relax.
Experiencia guiada. El trineo.

Estoy en una gran explanada cubierta de nieve. A mi alrededor hay muchas personas practicando deportes de invierno. Me doy cuenta que hace frío, no obstante el espléndido sol, por el vapor que sale de mi boca. Siento, a veces, ráfagas heladas que golpean mi cara... pero me agrada mucho.
Se acercan varios amigos transportando un trineo. Me indican que me suba y lo maneje. Explican que su diseño es perfecto y que es imposible perder el control. Así es que sentándome en él, ajusto las correas y herrajes. Me coloco las gafas y pongo en marcha las turbinas que silban como pequeños jets. Oprimo suavemente el acelerador con el pie derecho y el trineo empieza a moverse. Aflojo el pie y aprieto el izquierdo. El aparato se detiene dócilmente. Luego, maniobro con el volante a derecha e izquierda sin esfuerzo alguno. Entonces, dos o tres amigos salen adelante mío, deslizándose en sus esquíes. “¡Vamos!”, gritan. Y se lanzan desde la explanada, zigzagueando en el descenso, por la magnífica ladera montañosa.
Aprieto el acelerador y comienzo a moverme con una suavidad perfecta. Empiezo el descenso tras los esquiadores. Veo el hermoso paisaje cubierto de nieve y coníferas. Más abajo, algunas casas de madera y allí, a lo lejos, un valle luminoso.
Acelero sin temor y paso a un esquiador, luego a otro y, finalmente, al tercero. Mis amigos saludan con gran algarabía. Enfilo hacia los pinos que aparecen en mi trayecto y los eludo con movimientos impecables. Entonces, me dispongo a dar más velocidad a la máquina. Aprieto a fondo el acelerador y siento la tremenda potencia de las turbinas. Veo pasar los pinos a mis costados, como sombras imprecisas, mientras la nieve queda atrás flotando en finísima nube blanca. El viento helado me estira la piel del rostro y tengo que esforzarme para mantener los labios apretados.
Veo un refugio de madera que se agranda velozmente y, a sus costados, sendos trampolines de nieve para práctica de salto gigante en esquí. No vacilo, apunto hacia el de la izquierda. En un instante estoy sobre él y en ese momento corto el contacto de los motores, para evitar un posible incendio en la caída...
He salido catapultado hacia arriba, en un vuelo estupendo. Sólo escucho el bramido del viento, mientras empiezo a caer cientos de metros. Aproximándome a la nieve, compruebo que mi ángulo de caída va coincidiendo perfectamente con la inclinación de la ladera y así, toco el plano delicadamente. Enciendo las turbinas y sigo acelerando mientras me acerco al valle. He comenzado a frenar poco a poco. Levanto mis gafas y enfilo lentamente hacia el complejo hotelero desde el que salen numerosos funiculares, que llevan deportistas a los montes. Finalmente, entro en una explanada. Adelante y a la derecha, observo la boca negra de un túnel como de ferrocarril. Apunto despacio hacia él, sobrepasando unas charcas de nieve derretida. Al llegar a la boca, me cercioro: no hay vías de tren, ni huellas de vehículos. Sin embargo, pienso que podrían desplazarse por allí grandes camiones. Tal vez se trate del depósito de los quitanieves. Sea como fuere, entro lentamente en el túnel. Está débilmente iluminado. Enciendo el faro delantero y su fuerte haz me permite ver un camino recto por varios cientos de metros. Acelero. El sonido de los jets retumba y los ecos se entremezclan. Veo adelante que el túnel se curva y en lugar de frenar acelero, de manera que llegando al lugar me deslizo por la pared sin inconveniente. Ahora el camino desciende y, más adelante, se curva hacia arriba describiendo un espiral como si se tratara de un serpentín o un fantástico resorte.
Acelero, estoy bajando. Emprendo la subida y comprendo que en un momento estoy corriendo por el techo, para bajar nuevamente y volver a una línea recta. Freno suavemente y me dispongo a descender en una caída parecida a la de una montaña rusa. La pendiente es muy pronunciada. Comienzo la bajada pero voy frenando simultáneamente. La velocidad se va amortiguando. Veo que me estoy desplazando sobre un puente angosto que corta el vacío. A ambos lados hay una profunda oscuridad. Freno aún más y tomo la recta horizontal del puente que tiene el exacto ancho del trineo. Pero me siento seguro. El material es firme. Al mirar tan lejos como lo permite la luz del faro, mi camino aparece como un hilo tenso separado de todo techo, de todo fondo, de toda pared..., separado por distancias abismales. (*)
Detengo el vehículo, interesado por el efecto de la situación. Empiezo a imaginar diversos peligros pero sin sobresalto: el puente cortándose y yo cayendo al vacío. Luego, una inmensa araña descendiendo por su grueso hilo de seda... bajando hasta mí, como si fuera yo una pequeña mosca. Por último, imagino un derrumbe colosal y largos tentáculos que suben desde las oscuras profundidades. (*)
Aunque el decorado es propicio, compruebo que tengo suficiente fuerza interior como para vencer los temores. De manera que intento, una vez más, imaginar algo peligroso o abominable y me abandono a esos pensamientos. (*)
He superado el trance y me siento reconfortado por la prueba que me impuse, de manera que conecto las turbinas y acelero. Paso el puente y llego nuevamente a un túnel parecido al del comienzo. A marcha veloz, tomo una subida muy larga. Pienso que estoy llegando al nivel de salida. Veo la luz del día que va aumentando de diámetro. Ahora, en línea recta, salgo raudo a la explanada abierta del complejo hotelero. Voy muy despacio, eludiendo gente que camina a mi alrededor. Así continúo muy despacio, hasta llegar a un extremo del lugar que conecta con las canchas de esquí Bajo las gafas y comienzo a acelerar para llegar con suficiente velocidad a la ladera, que terminará en la cima desde la que comencé mi recorrida. Acelero, acelero, acelero... Estoy subiendo el plano inclinado a la increíble velocidad que tuve en la bajada. Veo acercarse el refugio de madera y los dos trampolines a sus costados, sólo que ahora se presenta una pared vertical que me separa de ellos. Giro a la izquierda y continúo el ascenso hasta pasar por un costado, a la altura de las rampas. Los pinos pasan a mi lado como sombras imprecisas, mientras la nieve queda atrás flotando en finísima nube blanca...
Adelante veo a mis tres amigos parados, saludándome con sus bastones en alto. Giro en círculo cerrado alrededor de ellos, arrojándoles cortinas de nieve. Continúo el ascenso y llego a la cima del monte. Me detengo. Interrumpo el contacto de las turbinas. Levanto mis gafas. Suelto las hebillas de las correas y salgo del trineo. Estiro las piernas y luego todo el cuerpo, apenas entumecido. A mis pies y descendiendo por la magnífica ladera veo las coníferas y muy lejos, como un conjunto irregular, el complejo hotelero. Siento el aire purísimo y el efecto del sol de montaña curtiendo la piel de mi cara. (*)

Recomendación

Observar en el comportamiento diario los problemas de desplazamiento registrados en la experiencia. Comprobar si aquellos se modifican al vencer resistencias por repetición de la experiencia.

Posibles temas de intercambio

Intercambio sobre las dificultades o facilidades encontradas en la realización del ejercicio.

4. Las nubes . Experiencia guiada de presente.

Interés

En esta experiencia se dan elementos para que el practicante ejercite imágenes de libertad de movimiento físico y, al mismo tiempo, pueda reconocer sensaciones gratificantes. Es un trabajo sencillo que brinda registros de aflojamiento de tensiones mentales y que habilita para observar los problemas cotidianos desde una perspectiva amplia y calma, contribuyendo desde ese estado a su mejor solución.

Relax.

Experiencia guiada. Las nubes.

Escucho la voz de una antigua amiga que me saluda. Luego, la veo acercarse en una maravillosa carrera. Al chocar conmigo en un abrazo, rodamos y rebotamos una y otra vez haciendo todo tipo de figuras, riendo y cantando. (*)
Finalmente, nos sentamos y entonces ella saca de entre sus ropas una caña de pescar retráctil que va alargando. Prepara los aparejos, pero en lugar de anzuelos coloca un imán en forma de herradura. Luego comienza a maniobrar con el carrete y el imán va atravesando el suelo de nubes... Pasado un tiempo, la caña comienza a vibrar y ella grita: “¡Tenemos buena pesca!” Inmediatamente se pone a recoger los aparejos hasta que una gran bandeja va emergiendo adherida al imán. En ella hay todo tipo de alimento y bebida. El conjunto está cuidadosamente decorado. Mi amiga deposita la bandeja y nos disponemos para el gran festín. Todo lo que pruebo es de exquisito sabor. Lo más sorprendente es que los manjares no disminuyen. En todo caso, aparecen unos en reemplazo de otros con sólo desearlo, así es que me pongo a elegir aquellos que siempre quise comer y los consumo con gran fruición. (*)
Ya satisfechos, nos estiramos de espaldas sobre el blando colchón de nubes, logrando una estupenda sensación de bienestar. (*)
Siento el cuerpo algodonoso y tibio, totalmente aflojado, mientras suaves pensamientos surcan mi mente. (*)
Compruebo que no experimento prisa, ni inquietud, ni deseo alguno, como si contara con todo el tiempo del mundo para mí. (*)
En ese estado de plenitud y bienestar, trato de pensar en los problemas que tenía en la vida diaria y experimento que puedo tratarlos sin tensión innecesaria, de manera que las soluciones se me aparecen desapasionadas y claras. (*)
Al tiempo, escucho a mi amiga que dice: “Tenemos que volver”. Me incorporo y, dando unos pasos, siento que estoy sobre la escalera mecánica. Suavemente, ésta se inclina hacia abajo penetrando el piso de nubes. Percibo un tenue vapor, mientras comienzo el descenso hacia la tierra. Estoy acercándome al edificio, por cuya parte superior entra la escalera mecánica. Voy descendiendo por los distintos pisos del supermercado. Veo por todas partes a la gente que preocupadamente escoge sus objetos de compra. Cierro los ojos y escucho una voz que dice: “Entonces no había ni temor, ni inquietud, ni deseo, porque el tiempo no existía”. (*)

Recomendación

Observar dificultades producidas en la experiencia respecto a la libertad de movimiento. Cotejarlas con los problemas cotidianos del mismo tipo o con limitaciones en la expresión corporal. Comprobar si en el estado logrado durante la experiencia, los problemas cotidianos pueden dimensionarse con mayor corrección que la habitual. Si se repite la experiencia y se logra vencer resistencias, observar en la vida diaria los efectos correlativos.

Posibles temas de intercambio

Intercambio sobre las dificultades o facilidades encontradas en la realización del ejercicio.

5. El minero Experiencia guiada de presente.

Interés

Esta experiencia tiene por finalidad evidenciar al practicante la relación que existe entre los pensamientos (imágenes en este caso) y las tensiones viscerales o internas del cuerpo. El presente trabajo permite lograr adecuadas distensiones profundas al par que previene dramáticamente sobre las imágenes negativas que tan frecuentemente producen quebrantos sicosomáticos. Por otra parte, se pretende hacer comprender la reversibilidad del fenómeno, en cuanto que las tensiones o irritaciones corporales profundas, motivan imágenes y estados de ánimo.

Relax.

Experiencia guiada. El minero.

Hay gente alrededor mío. Todos estamos vestidos de mineros. Esperamos que suba el montacargas. Es muy temprano. Una llovizna suave cae del cielo plomizo. Diviso a lo lejos, la silueta negra de la fábrica que resplandece en sus altos hornos. Las chimeneas vomitan fuego. El humo se eleva en densas columnas. Distingo, entre el ritmo lento y distante de las máquinas, una aguda sirena que marca el cambio de turno de personal. Veo subir lentamente el montacargas que, con una fuerte vibración, termina por detenerse a mis pies. Avanzamos hasta emplazarnos sobre la plancha metálica. Se cierra una reja corrediza y comenzamos a descender lentamente, entre el murmullo de los comentarios. La luz del montacargas, me permite ver la pared rocosa que pasa muy cerca. A medida que descendemos, aumenta la temperatura y el aire se torna viciado.
Nos detenemos frente a una galería. Sale la mayoría de los ocupantes del montacargas. Se cierra nuevamente la reja. Hemos quedado cuatro o cinco mineros. Continuamos la marcha, hasta parar en otra galería. Desciende el resto de los ocupantes. Quedo solo y recomienzo la bajada. Finalmente, se detiene la plancha con estrépito. Empujo la reja y avanzo introduciéndome en un socavón apenas iluminado. Escucho el ruido del montacargas regresando.
Adelante, sobre unos rieles está la zorra de transporte. Me subo en ella y arranco el motor, desplazándome luego lentamente por el túnel. Detengo el carro al término de las vías. Bajo y comienzo a descargar herramientas. Enciendo la linterna de mi casco. Escucho ecos lejanos, como de trépanos y martillos hidráulicos... pero también percibo una débil voz humana que llama ahogadamente. ¡Yo sé que significa eso! Dejo las herramientas y me cruzo unas cuerdas en el hombro. Arrebato una piqueta y avanzo resueltamente por el túnel que se va estrechando. La luz eléctrica ha quedado atrás. Sólo me guío por el reflector del casco. Periódicamente me detengo para escuchar la dirección del lamento. Llego encogido al fondo del túnel. Adelante, en la excavación recientemente practicada, termina la galería. El material disperso me indica que el techo se ha desmoronado. Por entre rocas y vigas de madera quebradas, fluye agua. El piso está convertido en un lodazal, en el que se hunden mis botas. Remuevo varias piedras, ayudándome con la piqueta. En un momento, queda al descubierto un agujero horizontal. Mientras calculo cómo deslizarme por él, percibo netamente los quejidos, seguramente el minero atrapado está a pocos metros de distancia. Introduzco entre las rocas la piqueta y ato a su mango un extremo de la cuerda ajustando el otro alrededor de mi cintura. Ajusto mi atadura con una hebilla metálica. Me sumerjo en la cavidad dificultosamente. Arrastrándome sobre los codos avanzo en un descenso pronunciado. Veo, a la luz del casco, que el conducto se estrecha hasta quedar cerrado. El calor húmedo es sofocante, la respiración dificultosa. (*)
Desde mis pies corre cieno espeso. Lentamente va cubriendo mis piernas y se desliza pegajosamente bajo el pecho. Advierto que mi estrecho recinto quedará cubierto de lodo en poco tiempo. Hago presión hacia arriba, pero mi espalda pega contra la roca viva. Intento retroceder... ya no es posible. La voz quejumbrosa está muy cerca. (*)
Grito con todas mis fuerzas y el suelo cede arrastrándome en su derrumbe... Un fuerte tirón en la cintura, coincide con el súbito detenimiento de la caída. Quedo suspendido de la cuerda como un absurdo péndulo de barro. Mi carrera se ha detenido muy cerca de un piso alfombrado. Veo ahora, en un ambiente fuertemente iluminado, una elegante sala en la que distingo una suerte de laboratorio y enormes bibliotecas. Pero la urgencia de la situación hace que me ocupe en cómo salir de ella. Con la mano izquierda ajusto la soga tensa y con la otra suelto la hebilla que la sujeta a mi cintura. Luego, caigo suavemente sobre la alfombra.
¡Qué modales, amigo!, ¡qué modales! –dice una voz aflautada. Giro sobre mis pies y quedo paralizado. Tengo al frente un hombrecillo de, tal vez, sesenta centímetros de altura. Descartando sus orejas ligeramente puntiagudas, se diría que es muy proporcionado. Está vestido con alegres colores, pero con un inconfundible estilo de minero. Me siento entre ridículo y desolado, cuando me ofrece un cóctel. De todas maneras, me reconforto bebiéndolo sin pestañear.
El hombrecillo junta sus manos y las lleva adelante de la boca a modo de bocina. Luego, emite el quejido que simula a un pedido de socorro, ese quejido que tan bien recuerdo. Entonces, crece en mí una enorme indignación. Le pregunto qué significa esa burla y me responde que gracias a ella, mi digestión habrá de mejorar en el futuro. El personaje sigue explicando que la cuerda que apretó mi cintura y el abdomen en la caída, ha hecho muy buena labor; igualmente, el recorrido del túnel sobre mis codos. Para terminar sus extraños comentarios, me pregunta si tiene algún significado para mí, la frase: “Usted se encuentra en las entrañas de la tierra”. Respondo que esa es una manera figurada de decir las cosas, pero él replica que, en este caso, se trata de una gran verdad. Entonces, agrega: “Usted está en sus propias entrañas. Cuando algo anda mal en las vísceras, las personas piensan cosas extraviadas. A su vez, los pensamientos negativos perjudican las vísceras. Así es que en adelante, cuidará usted ese asunto. Si no lo hace, me pondré a caminar y usted sentirá fuertes cosquilleos y todo tipo de molestias internas... Tengo algunos colegas que se ocupan de otras partes como los pulmones, el corazón, etcétera” Dicho eso, el hombrecillo comienza a caminar por las paredes y el techo, al tiempo que registro tensiones en la zona abdominal, el hígado y los riñones. (*)
Luego, me arroja un chorro de agua con una manguera de oro, limpiándome el barro cuidadosamente. Quedo seco al instante. Me tiendo en un amplio sofá y comienzo a relajarme. El hombrecillo pasa una escobilla, rítmicamente, por mi abdomen y cintura, logrando en mí una notable relajación de esas zonas. Comprendo que al aliviarse los malestares del estómago, hígado o riñones, cambian mis ideas y sentimientos. (*)
Percibo una vibración al tiempo que me elevo suavemente. Estoy en el montacargas subiendo hacia la superficie de la tierra.

Recomendación

Observar si se ha representado correctamente la parte de la experiencia referida a “la pasada de la escoba”. En caso de resistencias, repetir hasta vencerlas. Comprobar si en la vida diaria algunos puntos del cuerpo afectados por tensiones o irritaciones internas han modificado su estado como consecuencia de la experiencia.

Posibles temas de intercambio

Relacionar entre las cosas que se imaginan, el modo de imaginarlas y las tensiones o distensiones viscerales En cuanto a la experiencia, considerar si se ha logrado representar correctamente la escena relativa a la “pasada de la escoba”.

6. Ejercicio de Transformismos y Expansiones (Los disfraces). Experiencia guiada de presente.

Interés

Las dificultades en los transformismos suelen reflejar los problemas que uno tiene con su propia persona, con su propia imagen y también los problemas que sufre la imagen que uno tiene de sí mismo, al ser confrontada con otras personas. En esta práctica se incluyen algunas operaciones de expansiones y contracciones, útiles al desbloqueo y movilidad de la propia imagen. Este ejercicio tiende a mejorar las relaciones del practicante con las personas con las que se relaciona, al proporcionarle un mayor control de la imagen de sí mismo. De este modo, pueden ser trabajados bloqueos o inmovilidades de la propia imagen que se expresan frecuentemente como timidez, exceso de susceptibilidad, ocultamiento, fuga de situación, etc.

Relax.

Experiencia guiada. Los disfraces (Transformismos y Expansiones).

Estoy sin ropas en un campo nudista. Me siento observado cuidadosamente por personas de distinto sexo y edad. Alguien me dice que la gente me estudia porque ha notado que tengo problemas. Recomienda que cubra mi cuerpo. Entonces me pongo una gorra y unos zapatos. Inmediatamente los nudistas se desentienden de mí Termino de vestirme y salgo del campo... debo llegar pronto a la fiesta. Entro en una casa y en el recibidor, un petimetre me dice que para entrar al salón debo vestirme adecuadamente, ya que se trata de una fiesta de disfraces. Señala a un lado y allí veo un vestuario repleto de ropas y máscaras insólitas. Empiezo a elegir detenidamente. Ante un conjunto de espejos que hacen ángulo entre sí, voy probando disfraces y caretas. Puedo verme desde distintos puntos. Me pruebo el modelo y la máscara que peor me quedan. (*)
Ahora he encontrado el mejor de los conjuntos y la mejor máscara. Observo desde todos los ángulos. Cualquier detalle imperfecto es modificado de inmediato hasta que todo encaja maravillosamente bien. (*)
Entro radiante al gran salón en el que se desarrolla la fiesta. Hay mucha gente, toda disfrazada.
Se produce un silencio y todos aplauden la perfección del modelo que llevo. Me hacen subir a una tarima y piden que baile y cante. Lo hago. (*)
Ahora el público solicita que me saque la máscara y que repita la operación. Al disponerme a hacerlo, noto que estoy vestido con aquél conjunto desagradable que me probé en primer lugar. Para colmo de males, estoy a cara descubierta. Me siento ridículo y monstruoso. No obstante, canto y bailo frente al público asimilando las mofas y los silbidos de reprobación. (*)
Un imprudente mosquetero, saltando a la tarima, me empuja injuriándome. Entonces, empiezo a convertirme en animal ante su desconcierto. Sigo cambiando, pero siempre conservando mi propio rostro: primero soy un perro, luego un pájaro, por último un gran sapo. (*)
Se acerca hasta mí una torre de ajedrez y me dice: “¡Debería darle vergüenza... asustar a los niños de ese modo!” Entonces, vuelvo a mi estado normal vestido con la ropa de todos los días. Estoy reduciéndome lentamente. Ya tengo la estatura de un niño pequeño. Bajo de la tarima y veo a los disfrazados, enormes, que me contemplan desde arriba. Sigo achicándome. (*)
Una mujer aúlla diciendo que soy un insecto. Se dispone a aplastarme con el pie, pero me reduzco microscópicamente. (*)
Rápidamente recupero la estatura de niño. Luego, mi apariencia normal. Después sigo creciendo ante la concurrencia que corre en todas las direcciones. Mi cabeza está tocando el techo. Observo todo desde arriba. (*)
Reconozco a la mujer que me quiso aplastar. La tomo con una mano y la deposito en la tarima, mientras ella chilla histéricamente. Volviendo a mi estatura normal, me dispongo a salir de la fiesta. Al llegar al recibidor, veo un espejo que deforma completamente mi aspecto. Entonces, fricciono la superficie hasta que me va devolviendo la hermosa imagen que siempre quise tener. (*)
Saludo al lechuguino de la entrada y salgo de la casa tranquilamente.

Recomendación

Considerar las resistencias de las diferentes escenas, relacionándolas con problemas experimentados en la vida cotidiana. Verificar si las resistencias vencidas producen un correlativo progreso en las actitudes habituales. Repetir la experiencia enfatizando en las resistencias no vencidas más importantes.

Posibles temas de intercambio

Intercambio sobre las dificultades o facilidades encontradas en la realización del ejercicio.

7. Configuración del Guía Interno. Experiencia guiada de presente.

Interés

Existe un mecanismo útil de la imaginación: el mecanismo del Guía Interno.
Esta experiencia propone como interés configurar la imagen del Guía Interno.
Cualquier persona puede advertir guías internos por los que tiene especial preferencia. Es muy interesante reconocer el o los guías que sirven de referencia, pero acá se propone encontrar una imagen que cumpla con tres requisitos: 1- sabiduría, 2- bondad y 3- fuerza. Si falta alguno de ellos nuestra relación con esa imagen no es constructiva.
El dominio de esta experiencia es de fundamental importancia. Sin ella no puede efectuarse un conjunto de trabajos de utilidad para la vida diaria y para momentos excepcionales sobre los que tratan otras experiencias de este libro.

Relax.

Experiencia guiada. Configuración del guía interno.

Estoy en un paisaje luminoso en el que alguna vez sentí una gran felicidad. (*)
Alcanzo a ver el sol que se agranda. Lo observo sin molestia. Notablemente, dos rayos se desprenden de él posándose en mi cabeza y en mi corazón.
Comienzo a sentirme muy liviano y a experimentar que soy atraído por el astro. De ese modo, siguiendo los trazos luminosos me dirijo hacia él.
Desde el disco enorme, que se convierte en una esfera gigantesca, recibo su calidez suave y benéfica. Ya en el interior del sol, aspiro y expiro amplia y profundamente. La luz que me rodea se introduce en mi cuerpo al ritmo de la respiración, dándome cada vez más energía. Me siento sereno y radiante.
Entonces, pido con mis mejores sentimientos que se presente ante mí el guía interno y que lo haga del modo más propicio. (*)
Él me dice que representa a mi Fuerza interna, a mi energía, y que si se como usarlo tendré dirección en la vida, tendré inspiración y tendré protección. Pero que debo hacer el esfuerzo por verlo bien o sentir su presencia con intensidad. (*)
Pido al guía que pose sus manos en mi frente y las mantenga así unos instantes. Empiezo a sentir que desde el centro de mi pecho crece una esfera transparente que termina abarcándonos a ambos. (*)
Digo al guía que haga renacer en mí un profundo amor por todo lo existente y que me acompañe en la vida dándome alegría y paz. (*)
Pregunto por el sentido de la vida y espero su respuesta. (*)
Pregunto que es realmente la muerte y espero su respuesta. (*)
Pregunto por el valor de mi vida y espero su respuesta. (*)
Pregunto, meditadamente, por una situación especial de mi vida y espero su respuesta. (*)
Pido al guía que esté siempre a mi lado en los momentos de duda y zozobra, pero que también me acompañe en la alegría.
El guía se separa de mí y se convierte en una gran flor de pétalos abiertos que contrasta en sus colores con el fondo luminoso del disco solar. Luego, la flor va cambiando en sus formas y tonos como si fuera un armonioso calidoscopio. Entonces comprendo que atenderá a mis pedidos.
Empiezo a alejarme del brillante sol, pleno de vida y fortaleza.
Y por dos rayos luminosos, desciendo al hermoso paisaje, reconociendo en mi interior una gran bondad que busca expresarse en el mundo de la gente. (*)

Recomendación.

Repetir la experiencia en sucesivas prácticas hasta dominarla. No importa si al guía se lo ve, sí que se sienta su presencia. En todo caso, el guía quedará configurado cuando se lo evoque siempre del mismo modo.
Se recomienda la lectura de El Guía Interno en Humanizar la Tierra.

Posibles temas de intercambio

Observar si el transformismo en flor.


8. La desorientación y el Guía Interno. Experiencia guiada de presente.

Interés

Siempre en los momentos de soledad o confusión es de gran ayuda poder conectar con el guía interno por las respuestas o la compañía que proporciona.
Existen experiencias breves para situaciones puntuales en base al mecanismo del Guía Interno: La desorientación, La perturbación y La indecisión.  Ésta, La desorientación, tiene como finalidad la utilización del mecanismo del guía interno como ordenador de problemas y soluciones.

Relax.

Experiencia guiada. La desorientación y el guía interno.

Interés

Siempre en los momentos de soledad o confusión es de gran ayuda poder conectar con el guía interno por las respuestas o la compañía que proporciona.
Existen experiencias breves para situaciones puntuales en base al mecanismo del Guía Interno: La desorientación, La perturbación y La indecisión.  Ésta, La desorientación, tiene como finalidad la utilización del mecanismo del guía interno como ordenador de problemas y soluciones.

Relax

Experiencia guiada. La desorientación y el guía interno.

Han concluido mis actividades diarias. Me dirijo a casa del modo en que lo hago habitualmente.
Llego. Estoy solo en mi habitación. Me siento abatido. Vivo una situación difícil, que no puede continuar. Debo tomar una decisión pero no se exactamente cuál. (*)
Voy hasta un espejo y contemplo mi rostro cansado. Pienso en mí guía interno como si fuera una persona. Concentrándome en mi propia imagen, digo: “Oh guía, ¿qué consejo me das en esta situación?" Inmediatamente, trato de aclararme bien cuál es el problema que debo resolver. (*)
Observo que mi imagen comienza a esfumarse mientras el espejo se oscurece. Al poco tiempo, veo una luminaria que se desplaza en el fondo y que empiezan a aparecer las personas y situaciones ligadas a mi problema. (*)
De pronto, escucho una voz que me explica las dificultades. En el fondo del espejo, veo al guía señalando la dirección que debo tomar. (*)
El espejo se aclara y devuelve nuevamente la imagen de mi rostro. Me veo reconfortado y experimento en mi interior, el principio de solución del problema. (*)

Recomendación

La respuesta del guía puede aparecer como una escena más o menos real o como una alegoría que requiere interpretación o como una actitud del mismo guía o como una explicación dada en palabras o como simple sensación interna de difícil definición. En los casos más confusos la repetición de la experiencia puede mejorar la respuesta. De todas formas, la clave es formular la pregunta o el problema con claridad y entonces la respuesta también acudirá con procesión y claridad. Así es que una adecuada repetición de la experiencia partirá de la intención de explicarse muy bien el problema que se desea solucionar.

9. La vejación y el guía interno. Experiencia guiada de presente.

Interés

En esta experiencia breve se pretende dar al practicante control interno frente a una  persona que en la vida cotidiana logra desajustarlo afectivamente.

Relax.

Experiencia guiada. La vejación y el guía interno.

He salido de mi casa y me enfrento con aquella persona que me perturba emocionalmente. La saludo para seguir mi camino pero advierto que, acercándose, aferra mi brazo y me invita a un bar que está precisamente en ese lugar. Entramos.
Estamos sentados. Sin aparente motivo, comienza a criticar duramente asuntos míos muy privados. (*)
En un momento se vuelve agresiva y hablando con voz fuerte, me señala una y otra vez. Veo cerca a otros conocidos que observan con atención y escuchan las ofensivas palabras. (*)
Trato de levantarme para salir, pero mi acompañante me retiene de un hombro, al tiempo que hace insinuaciones desagradables.
Me insulta francamente y amenaza con arruinarme al tiempo que se burla groseramente. Comprendo que puedo proceder de distintas maneras, pero sé que cualquier medida que tome será aprovechada por el agresor para perjudicarme. (*)
Las cosas continúan con tal indignidad que me dispongo a reaccionar sin medir las consecuencias. En ese momento, recuerdo a mi guía y digo mentalmente: “¡Oh guía, dame control!" En ese momento, siento que una voz interna me dice: -¡Pídele consejo!
Entonces, explico a mi interlocutor que no se cómo proceder, que por favor me aconseje. Tocado por el pedido, el individuo se hincha solemnemente y comienza a pontificar acerca de mis obligaciones. La conversación continúa. Pasado un tiempo, se lanza a desarrollar sus problemas personales. Mientras tanto, se hace servir varios tragos fuertes. Yo, en silencio escucho su patético relato; otro tanto hace la gente próxima. (*)
Lo saludo afectuosamente y me levanto. El personaje, completamente borracho se abalanza sobre los otros conocidos agrediéndolos, pero cae sobre la mesa lastimosamente.
Salgo a la calle, mientras lleno mis pulmones de aire puro.

Recomendación

En caso de haber superado las resistencias, comprobar si en la vida diaria han desaparecido o disminuido considerablemente los problemas afectivos que ocasionaba la persona de la experiencia.

10. La indecisión y el guía interno. Experiencia guiada de presente

Interés

Esta experiencia tiene como finalidad dar al practicante confianza en sí mismo con respecto a una situación que lo hace vacilar o retroceder injustificadamente.

Relax.

Experiencia guiada. La indecisión y el guía interno.

Entro a un edificio, considerando esa situación pendiente que debo afrontar. (*)
Creo que, llegado el momento, todo va a salir mal. No ignoro que lo emprendido con sesación de fracaso me hace inseguro: se reducen mis fuerzas y, efectivamente, termino derrotado. Comprendiendo eso, me detengo. Estoy a punto de abandonar. Creo que voy a huir, regresando por donde entré. Al mismo tiempo, sé que debo hacer un esfuerzo en sentido contrario. Me siento dividido entre lo que debo hacer y lo que no puedo hacer. (*)
Reflexiono un instante y me digo: “¡Oh guía, dame la fuerza!" Instantáneamente, siento que mi respiración se hace amplia y mi cuerpo se endereza. Comienzo a caminar nuevamente. Mis pasos son largos y seguros. Ha renacido en mí la confianza. Comprendo que todo saldrá bien porque depende de cómo haga las cosas y ahora sé que procederé con mi potencia al máximo. (*)

Recomendación

En caso de haber realizado la experiencia con referencia a un problema concreto de indecisión, comprobar en la situación cotidiana si se ha logrado el avance buscado. Si en la experiencia no se hubiera logrado el conjunto de registros (sensaciones) sugeridos, repetirla antes de comprobar en la situación cotidiana.


Experiencias de propuestas a Futuro

1. La acción salvadora Experiencia guiada de futuro

Interés

Esta experiencia, aprovechando condiciones dramáticas, impulsa a la apertura y a la comunicación con las otras personas. El tema de las “buenas acciones” se introduce para fijar ideas de solidaridad y ayuda a otros. Si se tiene un mediano conocimiento de nuestra doctrina, se comprenderá la utilidad que tiene para la propia vida fortalecer actitudes que desarraiguen el egoísmo y el encerramiento. Por otra parte, tales ventajas pueden entenderse pero no por ello mover al cambio de actitud en ese sentido. La presente experiencia habilita el cambio siempre, por supuesto, que se desee marchar sinceramente en esa nueva dirección.

Relax.

Experiencia guiada. La acción salvadora.

Pregunto a mi compañero acerca de lo que está sucediendo. Me mira furtivamente y responde en una lengua extraña: “¡Rex voluntas!” Conecto la radio que me devuelve fuertes descargas y ruido de interferencia eléctrica. Sin embargo, alcanzo a escuchar una voz débil y metálica que repite monótonamente: “... rex voluntas... rex voluntas... rex voluntas...”
El desplazamiento de los vehículos se va enlenteciendo, mientras veo al costado del camino numerosos autos volcados y un incendio que se propaga entre ellos. Al detenernos, todos abandonamos el coche y corremos hacia los campos entre un mar de gente que se abalanza despavorida.
Miro hacia atrás y veo, entre el humo y las llamas, a muchos desgraciados que han quedado atrapados mortalmente, pero soy obligado a correr por la estampida humana que me lleva a empellones. En ese delirio intento, inútilmente, llegar a una mujer que protege a su niño, mientras la turba le pasa por encima, cayendo muchos al suelo.
En tanto se generaliza el desorden y la violencia, decido desplazarme en una leve línea diagonal que me permita separarme del conjunto. Apunto hacia un lugar más alto que obligue a frenar la carrera de los enloquecidos. Muchos desfallecientes se toman de mis ropas haciéndolas girones. Pero compruebo que la densidad de gente va disminuyendo.
He logrado zafarme y ahora sigo subiendo, ya casi sin aliento. Al detenerme un instante, advierto que la multitud sigue una dirección opuesta a la mía, pensando seguramente que al tomar un nivel descendente podrá salir más rápidamente de la situación. Compruebo con horror que aquel terreno se corta en un precipicio. Grito con todas mis fuerzas para advertir, aunque fuera a los más próximos, sobre la inminente catástrofe. Entonces, un hombre se desprende del conjunto y se acerca corriendo hasta mí. Está con las ropas destrozadas y cubierto de heridas. Sin embargo, me produce una gran alegría el que pueda salvarse. Al llegar, me aferra un brazo y gritando como un loco señala hacia abajo. No entiendo su lengua, pero creo que quiere mi ayuda para rescatar a alguien. Le digo que espere un poco, porque en este momento es imposible... Sé que no me entiende. Su desesperación me hace pedazos. El hombre, entonces, trata de volver y en ese momento lo hago caer de bruces. Queda en el suelo gimiendo amargamente. Por mi parte, comprendo que he salvado su vida y su conciencia, porque él trató de rescatar a alguien pero se lo impidieron.
Subo un poco más y llego a un campo de cultivo. La tierra está floja y surcada por recientes pasadas de tractor. Escucho a la distancia disparos de armas y creo comprender lo que está sucediendo. Me alejo presuroso del lugar. Pasado un tiempo me detengo. Todo está en silencio. Miro en dirección a la ciudad y veo un siniestro resplandor.
Empiezo a sentir que el suelo ondula bajo mis pies y un bramido que llega de las profundidades me advierte sobre el inminente terremoto. Al poco tiempo, he perdido el equilibrio. Quedo en el suelo lateralmente encogido pero mirando al cielo, presa de un fuerte mareo.
El temblor ha cesado. Veo una luna enorme, como cubierta de sangre.
Hace un calor insoportable y respiro el aire cáustico de la atmósfera. Entre tanto, sigo sin comprender si amanece o cae la noche...
Ya sentado, escucho un retumbar creciente. Al poco tiempo, cubriendo el cielo, pasan cientos de aeronaves como mortales insectos que se pierden hacia un ignorado destino.
Descubro cerca un gran perro que mirando hacia la luna comienza a aullar, casi como un lobo. Lo llamo. El animal se acerca tímidamente. Llega a mi lado. Acaricio suavemente su pelambre erizada. Noto un intermitente temblor en su cuerpo. El perro se separa de mí y comienza a alejarse. Me pongo en pie y lo sigo. Así recorremos un espacio ya pedregoso hasta llegar a un riachuelo. El animal sediento se abalanza y comienza a beber agua con avidez, pero al momento retrocede y cae. Me acerco, lo toco y compruebo que está muerto.
Siento un nuevo sismo que amenaza con derribarme, pero pasa. Giro sobre mis talones y diviso en el cielo, a lo lejos, cuatro formaciones de nubes que avanzan con sordo retumbar de truenos. La primera es blanca, la segunda roja, la tercera negra y la cuarta amarilla. Y esas nubes se asemejan a cuatro jinetes armados sobre cabalgaduras de tormenta, recorriendo los cielos y asolando toda vida en la tierra.
Corro tratando de escapar de las nubes. Comprendo que si me toca la lluvia, quedaré contaminado. Sigo avanzando a la carrera pero, de pronto, se alza enfrente una figura colosal. Es un gigante que me cierra el paso. Agita amenazante una espada de fuego. Le grito que debo avanzar porque se acercan las nubes radioactivas. Él me responde que es un robot puesto allí para impedir el paso de gente destructiva. Agrega que está armado con rayos, así es que advierte que no me acerque. Veo que el coloso separa netamente dos espacios; aquél del que provengo, pedregoso y mortecino, de ese otro lleno de vegetación y vida. Entonces grito: “¡Tienes que dejarme pasar porque he realizado una buena acción!”.
–¿Qué es una buena acción? –pregunta el robot.
–Es una acción que construye, que colabora con la vida.
–Pues bien –agrega– ¿qué has hecho de interés?
–He salvado a un ser humano de una muerte segura y, además, he salvado su conciencia.
Inmediatamente, el gigante se aparta y salto al terreno protegido, en el momento en que caen las primeras gotas de lluvia.
Tengo al frente una granja. Cerca, la casa de los campesinos. Por sus ventanas amarillea un luz suave. Justo ahora, advierto que comienza el día.
Llegando a la casa, un hombre rudo de aspecto bondadoso me invita a pasar. Adentro hay una familia numerosa preparándose para las actividades del día. Me sientan a la mesa en la que hay dispuesta una comida simple y reconfortante. Pronto me encuentro bebiendo agua pura, como de manantial. Unos niños corretean a mi alrededor.
“Esta vez –dice mi anfitrión– escapó usted. Pero cuando tenga nuevamente que pasar el límite de la muerte, ¿qué coherencia podrá exhibir?”
Le pido mayores aclaraciones porque sus palabras me resultan extrañas. Él me explica: “Pruebe recordar lo que podríamos llamar ‘buenas acciones’ (para darles un nombre), realizadas en su vida. Por supuesto que no estoy hablando de esas ‘buenas acciones’ que hace la gente esperando algún tipo de recompensa. Tiene que recordar solamente aquéllas que han dejado en usted la sensación de que lo hecho a otros, es lo mejor para los otros... así de fácil. Le doy tres minutos para que revise su vida y compruebe qué pobreza interior hay en usted, mi buen amigo. Y una última recomendación: si tiene hijos o seres muy queridos, no confunda lo que quiere para ellos con lo que es lo mejor para ellos”. Dicho lo cual, sale de la casa él y toda su gente. Quedo a solas meditando la sugerencia del campesino. (*)
Al poco tiempo, el hombre entra y me dice: “Ya ve qué vacío es usted por dentro y si no es vacío, es porque está confuso. O sea, en todos los casos, usted es vacío por dentro. Permítame una recomendación y acéptela porque es lo único que le servirá más adelante. Desde hoy, no deje pasar un solo día sin llenar su vida”.
Nos despedimos. A la distancia escucho que me grita: “¡dígale a la gente eso que usted ya sabe!”.
Me alejo de la granja en dirección a mi ciudad.
Esto he aprendido hoy: cuando el ser humano sólo piensa en sus intereses y problemas personales, lleva la muerte en el alma y todo lo que toca muere con él.

Recomendación

Observar todas las resistencias aparecidas a lo largo de la experiencia guiada, tratando de superarlas en repeticiones posteriores. Utilizar la revisión de las “buenas acciones” como tema de meditación sobre la propia vida, en un momento inmediatamente posterior a la experiencia. Tal vez la meditación pueda efectuarse dando unos minutos a los presentes antes de levantar la reunión.

Posibles temas de intercambio

Una “buena acción” realizada, sin confundir lo que se desea para alguien con lo que es mejor para ese alguien.

2. Ejercicio de Ascenso

Interés

Las dificultades en el ejercicio de ascenso están relacionadas con el temor a las caídas. Ello puede deberse a problemas físicos. También a accidentes sufridos en algunas subidas. Pero pueden ser el reflejo de la situación “inestable” que uno está viviendo en el momento actual. La angustia por no alcanzar un objetivo y la ansiedad por el futuro incierto, se ven confirmadas por problemas en los ascensos de la imagen. La movilización de la imagen habilita para que la conducta se oriente, posteriormente, en la misma dirección.

Relax.

Experiencia guiada. El Ascenso.

Me acerco al borde. Abajo veo la azotea de la casa. Me siento atraído por el vacío pero me repongo y continúo mirando. Luego, paseo la vista por el paisaje. (*)
Arriba mío hay un helicóptero. Bajan desde él una escalerilla de soga. Los travesaños son de madera. Tomo la escalera y apoyo los pies en el último barrote. El aparato sube lentamente. Allí abajo queda el tanque de agua cada vez más diminuto. (*)
Subo por la escalera hasta llegar a la compuerta. Trato de abrirla pero está trancada. Miro hacia abajo. (*)
Han corrido la puerta de metal. Un joven piloto me tiende la mano. Entro. Subimos velozmente. Alguien anuncia que hay una falla en el motor. Al poco tiempo escucho un sonido de engranajes rotos. La hélice de sustentación se ha atascado. Empezamos a perder altura cada vez más rápidamente. Se distribuyen paracaídas. Los dos tripulantes saltan al vacío. Estoy en el borde de la compuerta, mientras la caída se hace vertiginosa. Me decido y salto. Voy cayendo de frente. La aceleración me impide respirar. Tiro de una anilla y el paracaídas se proyecta como una larga sábana hacia arriba. Siento un fuerte tirón y un rebote. He frenado la caída. Debo acertar al tanque de agua, de otro modo caeré sobre los cables de alta tensión o en los pinos cuyas puntas me esperan como afiladas agujas. Maniobro tirando del cordaje. Afortunadamente, el viento me ayuda. (*)
Caigo sobre el tanque, rodando hasta el borde. El paracaídas me envuelve. Me desembarazo de él y veo como cae desordenadamente. Estoy nuevamente en pie. Muy lentamente, comienzo a bajar la escalera en espiral. Llego a la azotea, bajando luego hasta el primer piso. Continúo descendiendo hasta llegar a la habitación... lo hago sin apuro. Estoy en la planta baja de la casa. Voy hasta la puerta, la abro y salgo.

Recomendación

Observar si en la vida diaria se reproducen las mismas resistencias que en la experiencia. Parejamente, si en la experiencia o en otras repetidas, se han vencido las dificultades, confrontar con situaciones en las que aparecían los problemas, comprobando si se ha logrado progresar.
Posibles temas de intercambio

Intercambio sobre las dificultades o facilidad encontradas en la realización del ejercicio

3. Las falsas esperanzas Experiencia guiada de futuro

Interés

En esta experiencia se pretende solucionar problemas de futuro, en el sentido de clarificar proyectos, dejando de lado las imágenes que impiden un adecuado sentido de la realidad.

Relax

Experiencia guiada. Las falsas esperanzas

Después de mi llamada, se abre la puerta y una enfermera me hace pasar. Señala una silla en la que me siento. Ella se sitúa tras una mesa, frente a mi. Toma un papel y después de colocarlo en su máquina de escribir, pregunta: –¿Nombre? –y yo respondo. –¿Edad?..., ¿profesión?..., ¿estado civil?... ¿grupo sanguíneo?... La mujer continúa llenando su ficha con mis antecedentes familiares de enfermedad.
Respondo por mi historia de enfermedades. (*)
Inmediatamente, reconstruyo todos los accidentes sufridos desde mi infancia. (*)
Mirándome fijamente, pregunta con lentitud: “¿Antecedentes criminales?”. Por mi parte, respondo con cierta inquietud. Al decirme, “¿cuáles son sus esperanzas?”, interrumpo mi obediente sistema de respuestas y le pido aclaraciones. Sin inmutarse y mirándome como a un insecto, replica: “¡Esperanzas son esperanzas! Así es que empiece a contar y hágalo rápido, porque tengo que encontrarme con mi novio”. Me levanto de la silla y de un manotazo saco el papel de la máquina. Luego, lo rompo tirando los fragmentos en una papelera. Doy media vuelta y me dirijo a la puerta por la que entré Compruebo que no la puedo abrir. Con molestia evidente, grito a la enfermera que la abra. No me responde. Giro sobre mí y veo que la pieza está vacía.
A grandes pasos llego a la otra puerta, comprendiendo que tras ella está el consultorio. Me digo que allí estará el doctor y que le presentaré mis quejas. Me digo que por allí escapó esa maravilla de enfermera. Abro y alcanzo a frenarme a escasos centímetros de una pared. “Tras la puerta una pared, muy bonita idea!”... Corro hacia la primera puerta, ahora se abre y choco nuevamente con el muro que me cierra el paso.
Escucho una voz de hombre que me dice por un altavoz: “¿Cuáles son sus esperanzas?”. Recomponiéndome, le espeto al doctor que somos gente adulta y que, lógicamente, mi mayor esperanza es salir de esta ridícula situación. Él dice: “La placa en la pared de entrada advierte al que llega que deje toda esperanza”. La situación se me aparece como una broma grotesca, de modo que me siento en la silla a esperar algún tipo de desenlace.
“Comencemos de nuevo –dice la voz–. Usted recuerda que en su niñez, tenía muchas esperanzas. Con el tiempo, advirtió que jamás se iban a cumplir. Abandonó pues, esos lindos proyectos... Haga memoria.” (*)
“Más adelante –continúa la voz– sucedió otro tanto y tuvo que resignarse a que sus deseos no se cumplieran... Recuerde.” (*)
“Por fin, usted tiene varias esperanzas en este momento. No me refiero a la esperanza de salir del encierro ya que este truco de ambientación ha desaparecido. Estoy hablando de otra cosa. Estoy hablando de cuáles son sus esperanzas a futuro.” (*)
“¿Y cuales de ellas, usted sabe secretamente, no se cumplirán jamás? Píenselo con sinceridad.” (*)
“Sin esperanzas, no podemos vivir. Pero cuando sabemos que son falsas, no las podemos mantener indefinidamente ya que tarde o temprano todo terminará en una crisis de fracaso. Si pudiera profundizar en su interior, llegando a las esperanzas que reconoce no se cumplirán y si, además, hiciera el trabajo de dejarlas aquí para siempre, ganaría en sentido de realidad. Así es que trabajemos de nuevo el problema... Busque las más profundas esperanzas. Esas que según siente, nunca se realizarán. ¡Cuidado con equivocarse! Hay cosas que le parecen posibles, a esas no las toque. Tome sólo aquellas que no se cumplirán. Vamos, búsquelas con toda sinceridad, aunque le resulte un poco doloroso.” (*)
“Al salir de la habitación, propóngase dejarlas aquí para siempre.” (*)
“Y ahora, terminemos el trabajo. Estudie, en cambio, aquellas otras esperanzas importantes que considera posibles. Le daré una ayuda. Dirija su vida solo por lo que cree posible o que, auténticamente, siente que se cumplirá No importa que luego las cosas no resulten porque, después de todo, le dieron dirección a sus acciones.” (*)
“En fin, hemos terminado. Ahora salga por donde entró y hágalo rápido, porque tengo que verme con mi secretaria.”
Me levanto. Doy unos pasos, abro la puerta y salgo. Mirando la placa de la entrada, leo: “Usted que sale, deje aquí toda falsa esperanza”.

Recomendación

Observar en la vida diaria las confusiones y pérdidas de tiempo que produce la orientación por falsas esperanzas. Comprobar si se modifica el enfoque de los proyectos, por acción de la experiencia guiada o de su repetición.

Posibles temas de intercambio

Las esperanzas que presiento que nunca serán reales.
Las esperanzas importantes que sí creo posible que se conviertan en reales.


Experiencias sobre el Sentido de la Vida

1. La repetición Experiencia guiada sobre el sentido de la vida

Interés

En esta experiencia se pretende que el practicante examine la dirección de su vida desde el pasado al momento actual, permitiéndole hacer una proyección a futuro que no tiene por qué apartarse de la misma línea, a menos que se considere la posibilidad de un nuevo sentido. La meditación sobre ese punto habilita para un cambio de dirección aun cuando no quede resuelto el nuevo objetivo. Una meditación de este tipo es capaz de producir cambios profundos y positivos en la simple mecánica de vida llevada hasta el momento.

Relax.

Experiencia guiada. La repetición.

Llegando al punto, observo una silueta humana. La figura está a dos o tres metros de distancia. Es una anciana con el rostro semicubierto. De pronto, con una voz quebrada, me pregunta la hora. Miro el reloj y le respondo: “Son las tres de la mañana”.
Me alejo velozmente, internándome de nuevo en la bruma y la oscuridad, deseando llegar al próximo farol que diviso a la distancia.
Allí, nuevamente, está la mujer. Miro el reloj que marca las dos y treinta. Comienzo a correr hasta el farol siguiente y, mientras lo hago, volteo la cabeza hacia atrás. Efectivamente, me alejo de la silueta que permanece quieta a lo lejos. Llegando a la carrera al farol siguiente, percibo el bulto que me espera. Miro el reloj, son las dos.
Corro ya sin control pasando faroles y ancianas hasta que, agotado, me detengo a mitad de camino. Miro el reloj y veo en su vidrio el rostro de la mujer. Comprendo que ha llegado el fin...
A pesar de todo, trato de entender la situación y me pregunto repetidamente: “¿de qué estoy huyendo?... ¿de qué estoy huyendo?”. La voz quebrada me responde: “Estoy atrás tuyo y adelante. Lo que ha sido, será. Pero eres muy afortunado porque has podido detenerte a pensar un momento. Si resuelves esto, podrás salir de tu propia trampa”. (*)
Me siento aturdido y fatigado. No obstante, pienso que hay una salida. Algo me hace recordar varias situaciones de fracaso en mi vida. Efectivamente, ahora evoco los primeros fracasos en mi niñez. (*)
Luego, los fracasos de juventud. (*)
También, los fracasos más cercanos. (*)
Caigo en cuenta que en el futuro seguirán repitiéndose, fracasos tras fracasos. (*)
Todas mis derrotas han tenido algo de parecido y es que las cosas que quise hacer, no estaban ordenadas. Eran confusos deseos que terminaban oponiéndose entre ellos. (*)
Ahora mismo descubro que muchas cosas que deseo lograr en el futuro son contradictorias. (*)
No sé que hacer con mi vida y, sin embargo, quiero muchas cosas confusamente. Sí, temo al futuro y no quisiera que se repitieran fracasos anteriores. Mi vida está paralizada en ese callejón de niebla, entre fulgores mortecinos.
Inesperadamente, se enciende una luz en una ventana y desde ella alguien me grita: “¿Necesita algo?”.
–Sí –le respondo–, ¡necesito salir de aquí!
–Ah, no!... solo no se puede salir.
–Entonces, indíqueme cómo hago.
–No puedo. Además, si seguimos gritando, vamos a despertar a todos los vecinos. ¡Con el sueño de los vecinos no se juega! Buenas noches.
Se apaga la luz. Entonces, surge en mí el más fuerte deseo: salir de esta situación. Advierto que mi vida cambiará solamente si encuentro una salida. El callejón tiene aparentemente un sentido, pero no es sino una repetición, desde el nacimiento a la muerte. Un falso sentido. De farol en farol, hasta que en algún momento se acaben mis fuerzas para siempre.
Advierto, a mi izquierda, un cartel indicador con flechas y letras. La flecha del callejón indica su nombre: “Repetición de la vida”. Otra, señala: “Anulación de la vida” y una tercera: “Construcción de la vida” Me quedo reflexionando un momento. (*)
Tomo la dirección que muestra la tercera flecha. Mientras salgo del callejón a una avenida ancha y luminosa, experimento la sensación de que estoy por descubrir algo decisivo. (*)

Recomendación

Tener en cuenta las resistencias observadas en la experiencia como indicadores de impedimentos al cambio de dirección en la línea de conducta llevada hasta el momento actual. Profundizar individualmente o en una repetición conjunta de la experiencia, la sensación de que “...estoy por descubrir algo decisivo”. Ese será el registro interno que habrá de preceder al surgimiento de un nuevo sentido de la vida.

Posibles temas de intercambio

Relacionar los fracasos del pasado con aquellas cosas contradictorias que se desean conseguir en el futuro. Intercambiar sobre lo experimentado hacia el final, cuando se habla de descubrir algo muy importante.

2. El viaje Experiencia guiada sobre el sentido de la vida

Interés

Esta práctica apunta a la producción de aquellas sensaciones que acompañan a los grandes descubrimientos de la realidad interior, tales como los que se refieren a un sentido trascendente de la vida. No se trata pues de un ejercicio que aclare la comprensión de un objeto o un temor dado, sino de una experimentación que permita reconocer o producir importantes registros internos.

Relax.

Experiencia guiada: El viaje.

He llegado a la pared de roca. La estudio cuidadosamente y descubro en su estructura una grieta por la que podría trepar. Comienzo a subir enganchando los borceguíes en las salientes Pego la espalda en un borde de la grieta, mientras hago palanca con un codo y el otro brazo. Subo. La grieta se ha estrechado. Miro hacia arriba y hacia abajo. Estoy a mitad de camino. Imposible desplazarme en ninguno de los dos sentidos. Cambio la posición, quedando pegado de frente a la resbaladiza superficie. Afirmo los pies y muy despacio, estiro un brazo hacia arriba. La roca me devuelve el jadeo húmedo de la respiración. Palpo sin saber si encontraré una pequeña fisura. Estiro el otro brazo suavemente. Siento que me balanceo. Mi cabeza comienza a separarse lentamente de la piedra. Luego, todo mi cuerpo. Estoy por caer de espaldas... Pero encuentro un pequeño hueco en el que aferro mis dedos. Ya afirmado, continúo el ascenso trepando sin dificultad en el asalto final.
Por fin llego arriba. Me incorporo y aparece ante mí una pradera interminable. Avanzo unos pasos. Luego, cambio de frente. Hacia el abismo es de noche; hacia la llanura, los últimos rayos del sol fugan en tonalidades múltiples. Estoy comparando ambos espacios cuando escucho un sonido agudo. Al mirar hacia lo alto veo un disco luminoso que, describiendo círculos a mi alrededor, comienza a descender.
Se ha posado muy cerca. Movido por una llamada interior me acerco sin prevenciones. Penetro en su interior con la sensación de traspasar una cortina de aire tibio. Al momento, experimento que mi cuerpo se aliviana. Estoy en una burbuja transparente, achatada en su base.
Como impulsados por un gran elástico, partimos rectamente. Creo que vamos en dirección a Beta Hydris o, tal vez, hacia NGC3621 (?).
Alcanzo a ver, fugazmente, el atardecer en la pradera. Subimos a mayor velocidad, mientras el cielo se ennegrece y la Tierra se aleja. Siento que aumenta la velocidad. Las límpidas estrellas van virando de color hasta desaparecer en la oscuridad total.
Al frente, veo un único punto de luz dorado que se agranda. Vamos hacia él. Ahora se destaca un gran aro que se continúa en larguísimo corredor transparente. En un momento, nos detenemos súbitamente. Hemos descendido en un lugar abierto. Atravieso la cortina de aire tibio y salgo del objeto.
Estoy entre paredes transparentes que, al atravesarlas, producen musicales cambios de color.
Sigo avanzando hasta llegar a un plano en cuyo centro veo un gran objeto móvil, imposible de capturar con la mirada, porque al seguir una dirección cualquiera en su superficie ésta termina envuelta en el interior del cuerpo. Siento mareo y aparto la vista.
Encuentro una figura, al parecer, humana. No puedo ver su rostro. Me tiende una mano en la que veo una esfera radiante. Comienzo a acercarme y en un acto de plena aceptación, tomo la esfera y la apoyo en mi frente. (*)
Entonces, en silencio total, percibo que algo nuevo comienza a vivir en mi interior. Ondulaciones sucesivas y una fuerza creciente bañan mi cuerpo, mientras brota en mi ser una profunda alegría. (*)
Sé que la figura me dice sin palabras: “Regresa al mundo con tu frente y tus manos luminosas”. (*)
Así pues, acepto mi destino. Luego, la burbuja y el aro y las estrellas y la pradera y la pared de roca. (*)
Por último, el camino y yo, humilde peregrino que regresa a su gente. (*)
Yo que vuelvo luminoso a las horas, al día rutinario, al dolor del hombre, a su simple alegría. Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón que del abismo oscuro renace a la luz del ansiado Sentido.

Recomendación

Considerar si las imágenes propuestas respecto a la figura y la esfera se representaron adecuadamente. Tener en cuenta únicamente las sensaciones descriptas en la escena del apoyo de la esfera en la frente. Las resistencias de importancia a vencer son las que impiden recrear las sensaciones mencionadas.

Posibles temas de intercambio

Considerar si se ha logrado representar de modo adecuado las imágenes relativas a la figura y a la esfera. Tomar en consideración sólo las sensaciones descritas en la escena en que la esfera es apoyada en la frente.

3. El festival Experiencia guiada sobre el sentido de la vida

Interés

Esta experiencia tiene el objetivo de inducir imágenes desacostumbradas, acercando a nuevos fenómenos de percepción. Tal singular manera de ver las cosas, posee utilidad si presenta la posibilidad de un nuevo mundo y un nuevo sentido aun frente a objetos cotidianos. Las experiencias llamadas “místicas” y las sicodélicas, que tanto atractivo ejercen sobre las nuevas generaciones, tienen la fuerza de la percepción no habitual de la realidad. No obstante, esas posturas han quedado limitadas a la fe en unos casos y a la acción destructiva del artificio químico, en otros.

Relax.

Experiencia guiada. El festival

Me parece que alguien ha dicho a mi lado, que afortunadamente salí de todo peligro... que ahora, todo es cuestión de descanso. Inexplicablemente, esas palabras confusas me traen un gran alivio. Siento al cuerpo adormecido y pesado, cada vez más flojo.
El techo es blanco y liso, pero cada gota de agua que escucho caer destella en su superficie como un trazo de luz. Una gota, una raya. Luego otra. Después, muchas líneas. Más adelante, ondulaciones. El techo se va modificando, siguiendo el ritmo de mi corazón. Puede ser un efecto de las arterias de mis ojos, al pasar los golpes de sangre. El ritmo, va dibujando el rostro de una persona joven.
–¡Eh, tú! –me dice– ¿por qué no vienes?
–Claro –pienso– ¿por qué no?
...Allí adelante se desarrolla el festival de música y el sonido de los instrumentos inunda de luz un enorme espacio tapizado de hierba verde y flores.
Estoy recostado en el prado, mirando hacia el escenario. A mi alrededor hay una enorme cantidad de gente, pero me agrada el hecho de ver que no está apiñada porque hay mucho espacio. A la distancia, alcanzo a ver antiguos amigos de la niñez. Siento que están realmente a gusto.
Fijo la atención en una flor, conectada a su rama por un delgado tallo de piel transparente en cuyo interior se va profundizando el verde reluciente. Estiro la mano, pasando suavemente un dedo por el tallo terso y fresco, apenas interrumpido por pequeñísimos abultamientos. Así, subiendo por entre hojas de esmeralda, llego a los pétalos que se abren en una explosión multicolor. Pétalos como cristales de catedral solemne, pétalos como rubíes y como fuego de leños amanecidos en hoguera... Y en esa danza de matices, siento que la flor vive como si fuera parte mía. (*)
Y la flor, agitada por mi contacto, suelta una gota de rocío amodorrado apenas prendida en una hoja final. La gota vibra en óvalo, luego se alarga y ya en el vacío se aplana para redondearse nuevamente, cayendo en un tiempo sin fin. Cayendo, cayendo, en el espacio sin límite... Por último, dando en el sombrero de un hongo, rueda por él como pesado mercurio, para deslizarse hasta sus bordes. Allí, en un espasmo de libertad, se abalanza sobre un pequeño charco en el que levanta el tormentoso oleaje que baña a una isla de piedra-mármol. (*)
Alzo la mirada para ver a una abeja dorada que se acerca a libar en la flor. Y en ese violento espiral de vida contraigo mi mano irrespetuosa, alejándola de aquella perfección deslumbrante. Mi mano... La miro atónito, como si la viera por primera vez. Dándola vuelta, flexionando y estirando los dedos, veo las encrucijadas de la palma y en sus líneas comprendo que todos los caminos del mundo convergen allí. Siento que mi mano y sus profundas líneas no me pertenecen y agradezco en mi interior la desposesión de mi cuerpo.
Adelante se desarrolla el festival y yo sé que la música me comunica con esa muchacha que mira sus vestidos y con el hombre joven que, acariciando un gato azul, se respalda en el árbol. Sé que antes he vivido esto mismo y que he captado la rugosa silueta del árbol y las diferencias de volumen de los cuerpos. Otra vez ya, he advertido esas nubes ocre de forma blanda, pero como de cartón recortado en el celeste límpido del cielo. Y también he vivido esa sensación sin tiempo en que mis ojos parecen no existir, porque ven todo con transparencia como si no fueran ojos del mirar diario, aquellos que enturbian la realidad. Siento que todo vive y que todo está bien. Que la música y las cosas no tienen nombre y que nada, verdaderamente, puede designarlas. (*)
En las mariposas de terciopelo que vuelan a mi alrededor, reconozco la calidez de los labios y la fragilidad de los sueños felices. El gato azul se desplaza cerca mío. Caigo en cuenta de algo obvio: se mueve por sí solo, sin cables, sin control remoto. Lo hace por sí mismo y eso me deja atónito. En sus perfectos movimientos y tras los hermosos ojos amarillos, sé que hay una vida y que todo lo demás es un disfraz, como la corteza del árbol, como las mariposas, como la flor, como la gota mercurial, como las nubes recortadas, como la mano de los caminos convergentes. Por un momento, me parece comunicar con algo universal. (*)
...Pero una voz suave, me interrumpe justo antes de pasar a otro estado de conciencia.
“¿Usted cree que así son las cosas? –me susurra la desconocida–. Le diré que no son de ese modo, ni del otro. Usted, pronto volverá a su mundo gris, sin profundidad, sin alegría, sin volumen. Y creerá que ha perdido la libertad. Por ahora no me entiende, ya que no tiene capacidad de pensar a su antojo. Su aparente estado de libertad es sólo producto de la química. Esto le sucede a miles de personas a las que aconsejo cada vez. Buenos días!”
La amable señora ha desaparecido. Todo el paisaje empieza a girar en un espiral gris claro, hasta que aparece el techo ondulante. Oigo la gota de agua del grifo. Sé que estoy acostado en una habitación. Experimento que el embotamiento de los sentidos se diluye. Pruebo mover la cabeza y responde. Luego, los miembros. Me estiro y compruebo que estoy en perfectas condiciones. Salto de la cama reconfortado, como si hubiera descansado años.
Camino hasta la puerta de la habitación. La abro. Encuentro un pasillo. Camino velozmente en dirección a la salida del edificio. Llego hasta ella. Veo una gran puerta abierta, por la que pasa mucha gente en ambas direcciones. Bajo unos escalones y llego a la calle.
Es temprano. Miro la hora en el reloj de pared y comprendo que debo apurarme. Un gato asustado cruza por entre peatones y vehículos. Lo miro correr y, sin saber por qué, me digo a mí mismo: “Hay otra realidad que mis ojos no ven todos los días”.

Recomendación

En los días siguientes a la experiencia, intentar una visión nueva y entusiasta sobre las cosas y personas, para nosotros cotidianas. Aquí queda la recomendación: no se pretende incorporar una nueva forma de percibir. Con una sola experiencia de este tipo es suficiente. Su ejercicio continuo, en cambio, no es útil para la vida cotidiana, ya que predispone a una contemplación inactiva que lleva al encerramiento mental. Ojalá esta experiencia ayude a comprender que tras la chatura de lo habitual, hay una dimensión de la mente cargada de esperanza.

Posibles temas de intercambio

Experiencias vividas en que se ha percibido la realidad de manera diferente, nueva, experiencias que definiríamos “místicas” o psicodélicas o sencillamente insólitas e inexplicables.

4. La agonía. Experiencia guiada sobre el sentido de la vida

Interés

Esta práctica apunta al presentimiento de la trascendencia, apoyándose en imágenes y registros que cualquier persona, aun escéptica en estas materias, puede experimentar. Precisamente, el no creyente tiene oportunidad aquí de movilizar imágenes y sentimientos no habituales para él, elastizando su mecánica mental habitual. El creyente, en cambio, o aquel que ha tenido experiencias de este tipo puede encontrar en el ejercicio un motivo reconfortante.

Relax.

Experiencia guiada. La agonía.

Siento que estoy muriendo. Con la velocidad del relámpago aparecen escenas de distintos momentos de mi vida. Veo también paisajes completamente nuevos; escucho sonidos y palabras que no están en mis recuerdos.
Alcanzo a comprender que estos paisajes y sonidos son mis propios estados de ánimo: oscuras emociones que me llevan a cámaras grises, a hondos precipicios, a sonidos graves, a derrumbes lejanos. Y, cuando brilla la esperanza, verdes praderas se alargan infinitas; los sonidos son himnos y palabras amables.(*)
Allí esta mi cuerpo, alejado y quieto. Pero como es que veo y escucho y tengo recuerdos e imagino, si estoy separado de los que fueron mis sentidos, de lo que fuera mi cerebro, mi pulso, mi aire nutritivo? (*)
En esta confusión de espacios y de tiempos, me mantengo cerca del cuerpo. Asi, cuando veo laberintos oscuros, estoy adentro de él; cuando asciendo a montañas doradas siento a mi cabeza adyacente. Lo alto, lo bajo, lo profundo; lo que paso y lo que creo pasará, tienen a mi cuerpo por punto medio. Todo lo que me apega es el recuerdo, ese pasado que como sombra se apega al cuerpo sin ser cuerpo.
Tal vez por ello, estoy adherido a los momentos crueles de mi vida; a las frustraciones, a los resentimientos, a la venganza. Estoy adherido a todo lo que no he podido resolver, como si se tratara de sólidos objetos que me quitan la luz... Cuando no hay objetos en el medio la luz da plenamente, pero eso es posible si los recuerdos no tienen frustración, resentimiento, ni venganza en que detenerse. De otro modo, quedarán allí resolviendo lo que no puede ser resuelto.
Así, la vida es el medio que utiliza la mente para romper la red de sombras. Agradezco el haber conocido lo único importante: obrar con unidad. Agradezco haber comprendido que la vida tiene un sentido lejano que no se agota en el absurdo de si misma. Y agradezco haber ajustado mis acciones con la mirada puesta en esa dirección.
Compadezco a aquellos que quedaron atrapados en la red de sombras creyendo que sus pequeñas ilusiones eran la única verdad.
Podrá alguien o algo liberarlos?
Pero ahora es el tiempo de mi liberación y por ello sigo las imágenes que traduce mi guía con estas palabras:
“Por el camino interno puedes andar oscurecido o luminoso. Atiende a las dos vías que se abren ante ti. Si dejas que tu ser se lance hacia regiones oscuras, tu cuerpo gana la batalla y el domina. Entonces brotarán sensaciones y apariencias de espíritus, de fuerzas, de recuerdos. Por allí se desciende más y más. Allí están el Odio, la Venganza, la Extrañeza, la Posesión, los Celos, el Deseo de Permanecer. Si desciendes mas aun te invadirán la Frustración, el Resentimiento, y todos aquellos ensueños y deseos que han provocado ruina y muerte a la humanidad. 
“Si impulsas a tu ser en dirección luminosa, encontrarás resistencia y fatiga a cada paso. Esta fatiga del ascenso tiene culpables. Tu vida pesa, tus recuerdos pesan, tus acciones anteriores impiden el ascenso. 
“En los pasos del ascenso se encuentran regiones extrañas de colores puros y de sonidos no-conocidos. 
“No huyas de la purificación que actúa como el fuego y que horroriza con sus fantasmas. 
“Rechaza el sobresalto y el descorazonamiento. 
“Rechaza el deseo de huir hacia regiones bajas y oscuras. 
“Rechaza el apego a los recuerdos. 
“Queda en libertad interior con indiferencia hacia el ensueño del paisaje y conserva la resolución hacia el ascenso. 
“La luz pura clarea en las cumbres de las altas cadenas montañosas y las aguas de los mil colores bajan entre melodías irreconocibles hacia mesetas y praderas cristalinas. (*) 
“No temas la presión de la luz que te aleja de su centro cada vez mas fuertemente. Absórbela como si fuera un líquido o un viento porque en ella, ciertamente, está la vida.(*) 
“Cuando en la gran cadena montañosa encuentres la ciudad escondida habrás de conocer la entrada. Pero eso lo sabrás en el momento en que tu vida sea transformada... Sus enormes murallas están escritas en figuras, están escritas en colores, están “sentidas”. En esta ciudad se guarda lo hecho y lo por hacer. Pero a tu ojo interno es opaco lo transparente.” 
Así habla mi guía. Así me dispongo y todo se hace transparente y quedo libre de toda atadura. 
Estoy reconciliado, estoy purificado. Voy a la Ciudad de la Luz, esa ciudad jamás percibida por el ojo, nunca escuchada en su canto por el oído humano.(*) 
... Siento que me detengo y vuelvo a mi cuerpo. Mi corazón late, mis pulmones funcionan. Aquí estoy nuevamente. Aquí estoy como una persona razonable, con los pies bien puestos en la tierra. Aquí estoy con mis problemas, mis triunfos y mis derrotas cotidianas.
Pero también advierto que en las fantasías que impulsan a la ciencia, que en los mitos que movilizan a los pueblos, que en los sueños, en la poesía, en la música y en el amor, los seres humanos vivimos otra realidad. Otra vida que también actúa en mi, persona razonable con los pies bien puestos en la tierra; preocupada por los problemas, por los triunfos y las derrotas cotidianas. Y así, aquellas sensaciones que alcance a rozar se que obraran, tarde o temprano, convirtiendo el sentido de mi vida


Recomendación

No se sugieren trabajos de vencimiento de resistencias, porque éstas pueden estar ligadas a las particulares creencias del practicante y, por supuesto, no es tarea nuestra modificarlas.

Posibles temas de intercambio

La experiencia de reconciliación con el pasado como apertura del futuro.

5. La muerte Experiencia guiada sobre el sentido de la vida

Interés

Esta práctica apunta al presentimiento de la trascendencia, apoyándose en imágenes y registros que cualquier persona, aun escéptica en estas materias, puede experimentar. Precisamente, el no creyente tiene oportunidad aquí de movilizar imágenes y sentimientos no habituales para él, elastizando su mecánica mental habitual. El creyente, en cambio, o aquel que ha tenido experiencias de este tipo puede encontrar en el ejercicio un motivo reconfortante.

Relax.

Experiencia guiada. La muerte.

Creo que estoy en un teatro. Todo está a oscuras. Poco a poco comienza a iluminarse la escena, pero he aquí que yo estoy en ella.

El ambiente es cinematográfico. Por allí luces de antorchas, en el fondo una gigantesca balanza de dos brazos. Creo que el techo, posiblemente abovedado, está a mucha altura porque no veo sus límites. Alcanzo a reconocer algunas paredes de roca, árboles y pantanos alrededor del centro de escena. Tal vez todo se continúe en una selva muy espesa. Por todas partes hay figuras humanas que se mueven furtivamente.

Súbitamente dos sujetos encapuchados aferran mis brazos. Entonces una voz grave me pregunta:

–¿De dónde vienes? 

No sé que responder así que explico que vengo de “adentro”.

–¿Qué es “adentro”?, –dice la voz. 

Ensayo una respuesta: “Como vivo en la ciudad, el campo es ‘afuera’. Para la gente del campo, la ciudad también es ‘afuera’. Yo vivo en la ciudad o sea ‘adentro’ y por eso digo que vengo de ‘adentro’ y ahora estoy ‘afuera’”.

–Eso es una estupidez, tú entras a nuestros dominios de manera que vienes de “afuera”. Este no es el campo sino que es tu “adentro”. ¿No pensaste acaso que esto era un teatro? Entraste al teatro que, a su vez, está en tu ciudad. La ciudad en que vives está afuera del teatro.

–No –respondo–, el teatro es parte de la ciudad en que vivo.

–Escucha insolente –dice la voz–, terminemos con esta discusión ridícula. Para empezar te diré que ya no vives en la ciudad. Vivías en la ciudad, por lo tanto tu espacio de “adentro” o de “afuera” se quedó en el pasado. Así, estás en otro espacio-tiempo. En esta dimensión las cosas funcionan de otra manera.

De inmediato, aparece al frente un vejete portando en su diestra un recipiente. Al llegar a mí introduce la otra mano en mi cuerpo como si este fuera de mantequilla. Primeramente extrae mi hígado y lo coloca en la vasija, luego procede con los riñones, el estómago, el corazón y, por último, saca sin profesionalismo todo lo que va encontrando hasta que termina desbordando el receptáculo. Por mi parte, no siento nada especial. El sujeto gira sobre sí mismo y llevando mis vísceras hasta la balanza, concluye depositándolas en uno de los platos que desciende hasta tocar el piso.

Entonces pienso que estoy en una carnicería en la que se pesan trozos de animales ante la vista de los clientes. En efecto, una señora portando un cesto trata de apoderarse de mis entrañas, pero es rechazada por el vejete que le grita: “Pero ¿qué es esto? ¿Quién le ha autorizado a llevarse las piezas?”. El personaje entonces, sube por una escalerilla hasta el plato en alto y allí deposita una pluma de búho en el plato vacío.

La voz vuelve a dirigirse a mí con estas palabras: “Ahora que estás muerto y has descendido hasta el umbral del mundo de las sombras, te dirás: ‘están pesando mis vísceras’, y será cierto. Pesar tus vísceras es pesar tus acciones”.

Los encapuchados que me flanqueaban dejan mis brazos en libertad y comienzo a caminar lentamente pero sin dirección precisa. La voz continúa: “Las vísceras bajas están en el fuego infernal. Los cuidadores del fuego se muestran siempre activos e impiden que se acerquen aquellos a quienes deseas”.

Me doy cuenta que la voz va guiando mis pasos y que a cada insinuación cambia la escena. La voz dice: “Primeramente, pagarás a los cuidadores. Luego entrarás al fuego y recordarás los sufrimientos que causaste a otros en la cadena del amor. (*)  

“Pedirás perdón a los maltratados por ti y saldrás purificado únicamente cuando te reconcilies. (*)  

“Entonces, llama por su nombre a los perjudicados y ruégales que te permitan ver sus rostros. Si ellos acceden, escucha con cuidado sus consejos porque estos son tan suaves como brisas lejanas. (*)

“Agradece con sinceridad y parte siguiendo la antorcha de tu guía. El guía atravesará oscuros pasadizos y llegará contigo a una cámara en donde aguardan las sombras de aquellos que has violentado en tu existencia. Ellos, todos ellos, están en la misma situación sufriente en la que un día los dejaras. (*)  

“Pídeles perdón, reconcíliate y bésalos uno por uno antes de partir. (*)  

“Sigue al guía que bien sabe llevarte a tus lugares de naufragio, a los lugares de las cosas irreparablemente yertas. ¡Oh, mundo de las grandes pérdidas en el que sonrisas y encantos y esperanzas son tu peso y tu fracaso! Contempla tu larga cadena de fracasos y para ello, pide al guía que alumbre lentamente todas aquellas ilusiones. (*)

“Reconcíliate contigo mismo, perdónate a ti mismo y ríe. Entonces verás como del cuerno de los sueños surge un viento que lleva hacia la nada el polvo de tus ilusorios fracasos”. (*)

De pronto, toda la escena cambia y me encuentro en otro ambiente en el que escucho: “Aún en el bosque oscuro y frío, sigues a tu guía. Las aves de malos presagios rozan tu cabeza. En los pantanos, lazos serpentinos te rodean. Haz que tu guía te lleve hacia la gruta. Allí no puedes avanzar a menos que pagues tu precio a las formas hostiles que defienden la entrada. Si, finalmente, logras penetrar pídele al guía que vaya iluminando a izquierda y a derecha. Ruégale que acerque su antorcha a los grandes cuerpos de mármol de aquellos que no has podido perdonar. (*)  

“Perdónalos uno por uno y cuando tu sentimiento sea verdadero, las estatuas se irán convirtiendo en seres humanos que te sonreirán y extenderán hacia ti sus brazos en un himno de agradecimiento. (*)  

“Sigue al guía fuera de la gruta y no mires atrás por ninguna circunstancia. Deja a tu guía y vuelve aquí, a donde se pesan las acciones de los muertos. Ahora mira el plato de balanza en el que están depositadas tus acciones y comprueba como éstas suben y son más livianas que una pluma.

Siento un quejido metálico al tiempo que veo elevarse el plato en el que está depositada la vasija.

Y la voz concluye: “Has perdonado a tu pasado. Demasiado tienes como para pretender más por ahora. Si tu ambición te llevara más lejos podría suceder que no volvieras a la región de los vivos. Demasiado tienes con la purificación de tu pasado. Yo te digo ahora: ‘Despierta y sal fuera de este lugar’”.

Las luces de la escena se van apagando lentamente, mientras siento que estoy afuera de aquel mundo y nuevamente adentro de éste. Pero también advierto que en este mundo contengo las experiencias de aquel otro

Recomendación

No se sugieren trabajos de vencimiento de resistencias, porque éstas pueden estar ligadas a las particulares creencias del practicante y, por supuesto, no es tarea nuestra modificarlas.

Posibles temas de intercambio

La experiencia de reconciliación con el pasado como apertura del futuro.


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